miércoles, 25 de noviembre de 2009

Stefanov: épica en campos de tierra


Por John Wyatt
A veces, para obtener la belleza del oro, uno tiene que rebuscar una pepita en la mandanga. Algo así debió de pensar el fotógrafo Dimitri Stefanov, búlgaro residente en Madrid, cuando se le ocurrió retratar un día en la vida del Orcasitas F.C, uno de esos clubes de aficionados que brotan en los barrios obreros de Madrid, mientras que el Real de Florentino saltaba la banca con sus fichajes millonarios.

Stefanov tiene solo 22 años (ojo a la criatura) pero ya con 20 ganó la medalla de la EFTI Masterclass de jóvenes promesas. Desde entonces, es uno de los apadrinados por David Alan Harvey, leyenda de la fotografía y mito de Magnum y National Geographic. Aquí nos llama la atención por su mirada sobre el fútbol amateur y la épica de los campos de tierra, pero su trabajo sobre la inmigración búlgara en España es igualmente sorprendente.

Uno, que ya va teniendo ojo para estas cosas, adivina un blanco y negro procesado desde una foto digital, no película. Eso le permite estirar el contraste sin perder apenas calidad, o dramatizar esos cielos de barrio, o destacar los cuerpos entre el vapor de las duchas. No sólo es buen fotógrafo, sino que además maneja bien los recursos a su alcance.

Como lo importante de un reportaje sobre fotografía es precisamente eso, las imágenes, aquí van unas cuantas. Si queréis saber más sobre este genio: www.burnmagazine.org

lunes, 16 de noviembre de 2009

Francia estrena la camiseta antibarrigudos

Por Halftown
Como en abril de 1940, la semana pasada había en runrún de inquietud en las calles de París. Se intentaba -sin mucho éxito- disimular el miedo al fracaso que supondría quedarse fuera del Mundial de Sudáfrica. Lo cierto es que, desde el canto de cisne y posterior cabezazo de Zidane en 2006, les bleus son un equipo menor, con un puñado de jugadores sin grandes alardes que lo pasan mal en las fases de clasificación y que consiguieron un punto sobre nueve posibles en la Euro 2008. A esto hay que añadir un seleccionador escandalosamente impopular, pretencioso y cabezota, que sin embargo se aferra a un cargo por el que cobra 40.000 euros fijos al mes, 15.000 más por empate y otros 30.000 por partido ganado.

Precisamente fue el seleccionador, Raymond Domenech, quien el jueves protagonizó la portada de L’Équipe, con foto a toda página frente a una formación irlandesa y titular preclaro: “Su oportunidad[la de Irlanda] es él”. Al día siguiente, para dejar claro quién es el enemigo, L’Équipe abría con una foto de Henry y Anelka y el titular “Nuestra oportunidad son ellos”. Para que digan que el pique De la Morena – Clemente no tiene parangón.

Y de nuevo Domenech, a principios de semana, presentaba en rueda de prensa la nueva camiseta diseñada por Adidas para la cita mundialista. Claramente inspirada en los exitosos diseños de 1984 y 1998, la camiseta incluye tecnología Techfit, la misma que llevan las camisetas interiores de la marca alemana desde hace algunos años, y que supuestamente incrementan la potencia del portador. El tallaje de la camiseta, además, está adaptado a los fibrosos cuerpos de los Henry, Lass y compañía, al estilo de las Diadora ajustadas que tan bien le quedan a Francesco Totti. El problema es que el aficionado medio prefiere la cerveza al balón, y por eso Adidas se ha visto obligada a sacar a la venta una réplica sin Techfit que no ponga en evidencia los volúmenes del personal. La versión con Techfit, por cierto, cuesta exactamente el doble que la normal: 150 euros.

42 'kilos' por año

Este precio podría al final justificarse en que será, con casi total probabilidad, el último diseño que Adidas hará para el equipo de Francia de fútbol. La marca alemana, que viene llenando las arcas de la FFF con 10 millones de euros anuales, ha visto cómo su archienemigo Nike ha conseguido el contrato para equipar al equipo de Francia a cambio de romper la banca ofreciendo más de 42 millones de euros al año por el maillot bleu. En la federación brasileña deben estar afilando los cuchillos en caso de llevarse a casa una nueva Copa del Mundo.

De cara al partido de repesca contra Irlanda, mientras unos y otros discutían si debía guardar la portería Lloris o Mandanda (los dos se habían llevado cinco goles por cabeza en el Lyon-Marsella del domingo anterior) o si Anelka rinde más en punta o en banda derecha, la cadena de televisión M6 (cadena en la que trabaja Estelle Denis, mujer de Domenech, superaba la oferta de 5 millones de euros por partido que paga TF1, y se metía en el bolsillo el derecho a retransmitir el partido. Su objetivo: poner a 8 millones de franceses frente a la tele un sábado por la noche.

El partido en sí, poca cosa. A 18 minutos para el final, un tiro de Anelka rebotó en un defensa irlandés, y la pelota se coló pegada al palo de la portería irlandesa. 0-1 para Francia, y media clasificación en el bolsillo. M6 consiguió 8,16 millones de telespectadores y un share del 35,1%. Y Domenech, que sólo agotó uno de los tres cambios, se llevó 30.000 euros para casa.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

This was Anfield


Por Halftown
Resulta curioso el contraste de filosofías que históricamente han tenido dos clubes de más o menos el mismo nivel deportivo y económico como el Arsenal y el Liverpool. Esta semana, sin ir más lejos, las diferencias se han vuelto a poner en evidencia cuando los gunners han presentado The Spirit of Highbury, una foto mural que aspira a ser la imagen de un equipo de fútbol más grande del mundo.

Desarrollada por la agencia que trabaja para Nike, la sensacional Wieden + Kennedy, y el historiador Fred Ollier, que se han pasado los últimos cuatro años –concretamente desde que el Arsenal cambió el clásico estadio de Highbury por el moderno Emirates Stadium- recolectando fotografías de los 482 cañoneros que patearon el balón sobre el césped del mítico estadio entre 1913 y 2006. Al final les han faltado cuatro jugadores (Tom Maxwell, William Maycock, James Caldwell y Fred Jones), pero aún así el trabajo ha sido monstruoso.

Independientemente del cabreo que se han agarrado en Villa Park, donde el pasado invierno prepararon un panel de 3x25 metros con fotos de 1500 aficionados, "The Spirit of Highbury" luce ahora, como se ve en el vídeo, sobre un panel situado en el exterior del nuevo estadio de los Emirates.

Aunque la web oficial del club dice que es un homenaje a los viejos tiempos, parece más un símbolo del triunfo de los petrodólares sobre el foot-ball. El verdadero Espíritu de Highbury, el intangible, se vendió por 100 millones de libras a pagar en 15 años, y de regalo, los árabes se llevan el patrocinio de la camiseta gunner.

Fin a las tradiciones

Por su parte, el Liverpool siempre ha sido un club muy respetuoso con sus tradiciones, aunque en los últimos tiempos parece que la cosa empieza a cambiar. Desde su llegada en 2007, sus dos dueños americanos, Tom Hicks y George Gillett, han querido construir un nuevo estadio para jubilar al vetusto Anfield, construido en 1884, mucho antes que el ahora difunto Highbury.

Lastrados por las deudas del club, Hicks y Gillett han decidido echar mano de ideas ajenas para planear la venta del nombre de su nuevo estadio a cambio de, según sus cálculos, 250 millones de libras. Esto les permitiría superar el récord que ostentan los New York Mets, que reciben el equivalente a 12 millones de libras a lo largo de dos décadas, y de paso zanjar de un plumazo el 50% del coste de la construcción del nuevo recinto.

Suena un poco a broma que un club como el Liverpool aspire a sacar 250 millones por vender el Espíritu de Anfield, su casa. También sonaba a broma lo de cambiar el logo de sus camisetas de la danesa Carlsberg a Standard Chartered y no solamente Hicks y Gillett lo consiguieron, sino que ingresarán 20 kilos por temporada hasta 2014, a la par con el United y 1,7 kilos por encima de los chicos de Florentino.

Lo que impide que el fútbol sea como cualquier otro negocio –acaso lo que le hace tan grande- es que, pese de la lluvia de millones y a los delirios de grandeza, en The Kop las únicas cuentas que conocen son los 19 puntos sobre 36 posibles que llevan en la Premier y el milagro que necesitan para no verse luchando por la Europa League después de Navidad.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La emoción no entiende de dinero


Por Halftown
Heineken, el aguachirri holandés con pretensiones, lleva cinco años dejándose los cuartos en patrocinar la competición europea (yo casi diría mundial) más importante, y sin embargo pocos aficionados podrían recordar de memoria una sola de sus campañas.

Sí, todos sabemos que ponen vallas a pie de césped -donde últimamente el Enjoy responsibly sustituye a la marca-, igual que hacen Sony, Ford o Mastercard, pero entre que la marca sea reconocible y su comunicación sea memorable hay un trecho.

Durante la última jornada de Champions, sin embargo, la agencia JWT Italia se sacó de la manga una iniciativa tan novedosa como brillante: Heineken, en colaboración con la Gazzetta dello Sport, organizó un concierto de música clásica a la misma hora que el Real Madrid-Milan de Champions.

Repartió entradas entre familiares, amigos y colegas de aficionados y periodistas deportivos del AC Milan, para que les convencieran de ir al concierto en lugar de ver el fútbol. Mientras un cuarteto de cuerda va tocando, aparecen mensajes que desembocan en un "¿de verdad creías que te ibas a perder el partido?" mientras los cuatro músicos interpretan la sintonía de la Liga de Campeones ante la euforia general de los presentes.

Luego, Heineken simplemente firma con su nuevo slogan "Are you still with us?" y consigue un impacto emocional altísimo, -más el consiguiente efecto viral- por la milésima parte de lo que se gasta en patrocinio tradicional.

La cosa además acabó en victoria rossonera en el '92, así que la jugada no le pudo salir mejor a la cervecera holandesa. Bravissimo Heineken.

jueves, 1 de octubre de 2009

La Roja se pone colorada

Por Halftown
El departamento de comunicación de Adidas sorprendió a todos el pasado martes al filtrar al As el diseño de la camiseta de España para el Mundial.

Las novedades, pocas: las tres rayas, ahora en discontinuo (será para que quepan bien los parches del Mundial, la FIFA, el Fair Play y Madrid 2020), el rojo colorado que vuelve y, sobre todo, ese color azul eléctrico -conocido por todos como azul pitufo- y que parece inspirada en algún diseño nerd para la Unión Española de Chile.

No han tardado los mentideros virtuales en llenarse de opiniones, desde los que ponen a Adidas a caer de un burro, hasta los que dicen que un horror semejante tiene que ser un fake.

¿Fallido globo sonda de Adidas o piscinazo de As? Cuando el 14 de noviembre se presente el nuevo modelo oficialmente, a alguno se le va a poner la cara del color de la camiseta.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

El esperpento Mundial

Por Halftown
El pasado día 9, el nuevo estadio de Wembley vivió la primera gran revancha de su corta historia. Jugaban los pross contra Croacia, el equipo que, casi dos años atrás, les había ganado 2-3 para dejarles fuera de la Euro 2008. Poco tenía que ver esa Inglaterra con la que jugó dos años antes: sólo Gerrard, Barry y Lampard repitieron en el once titular. Aunque posiblemente el mayor contraste estaba en el banquillo, con Capello ocupando el sitio del considerado por muchos peor seleccionador inglés de la historia, Steve McLaren, quien de hecho sería despedido horas después de la victoria croata.

La clasificación para Sudáfrica ha supuesto un subidón moral para los ingleses: se prevé que 1.000 millones de libras serán inyectados a la economía del país entre ventas de teles planas, fish & chips y pintas de cerveza. Pubs, supermercados, compañías eléctricas, agencias de viajes, Umbro… England’s living a celebration desde hace quince días.

La audiencia esperada para cada partido de los chicos de Capello es de 17 millones de espectadores. Medios de comunicación y anunciantes –que invirtieron 300 millones de libras durante el Mundial de 2006- se dan palmaditas en la espalda. Lo mismo debe estar haciendo el amigo Fabio, que se ha embolsado un cheque de cinco millones de libras por los servicios prestados. Y, por supuesto, Lord David Triesman, presidente de la Federación Inglesa, cuyo nuevo estadio le obliga a pagar 930 millones de libras -millón arriba, millón abajo- en los próximos quince años.

Aunque los que de verdad parecen necesitar un milagro son los sudafricanos, que atraviesan su primera recesión de los últimos 17 años y a los que, según anunció la semana pasada su ministro de finanzas en el parlamento nacional, les faltan unos 2.300 millones de rand (unos 200 millones de euros) para dejar alicatados los estadios donde se jugará la Copa del Mundo. Normal, cuando problemas de todo tipo, desde huelgas hasta decisiones de última hora, han multiplicado el coste de algunos estadios por cuatro. De hecho, sólo uno de los cinco nuevos estadios construidos, estaba en el proyecto original aprobado por la FIFA. Nadie sabe cómo se van a financiar cuando el fútbol se haya ido, y sólo quede algún que otro evento ocasional para pagar las facturas.

Faltan 9.000 camas

Pero los estadios no son el único problema que tienen los organizadores del sarao sudafricano. El alojamiento –y más ahora que la presencia de los hooligans ingleses está garantizada- les trae de cabeza. A día de hoy, Sudáfrica tiene un déficit de 9.000 camas para los más de medio millón de visitantes que se esperan. Tanto es así, que se está planteando seriamente alojar a los aficionados en otros países de la zona, como Zimbabwe o Isla Mauricio (17 horas de vuelo ida y vuelta). La opción de dormir en tiendas de campaña ha quedado oficialmente descartada por las autoridades, ya que el campeonato tendrá lugar en pleno invierno sudafricano, con temperaturas bajo cero durante la noche.

Los hooligans, por cierto, ya se pueden andar con ojo, ya que el nuevo comisario de policía del país, que responde al nombre de Bheki Cele, ha anunciado que la policía tirará a matar contra los criminales, “si es necesario”. A todo esto Sudáfrica, aunque Blatter no diga ni mu, tiene una de las tasas más altas de criminalidad del mundo, con 50 asesinatos diarios. La pregunta es quién será el primer inglés borracho (y valiente) que tirará una silla a la policía.

Queda, por último, el tema de los locales. Para el España-EE. UU. de la pasada Copa de Confederaciones, los asientos más baratos costaban 17 dólares, una pequeña fortuna para un país en el que el 43% de su población vive con menos de dos dólares al día. Aunque probablemente no les importe verlo por la tele, o incluso no verlo; al fin y al cabo, el fútbol sólo es el tercer deporte en Sudáfrica.

Y, mientras tanto, nuestro Villar patrio prepara candidatura conjunta con Portugal para el Mundial de 2018. Un nuevo sainete patrocinado por la FIFA, próximamente en FNF.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Cien años de perdón para Rooney

Taylor le acaricia la pierna a Da Silva
Por Halftown
Durante el Anderlecht-Standard de la última jornada de la liga belga, el defensa polaco Marcin Wasilewski se lanzó al suelo para despejar un balón dividido, y el belga Witsel le dejó los tacos huecograbados sobre la pierna. Resultado: fractura abierta de tibia y peroné, las imágenes en portada de los principales medios belgas y millones de visitas en YouTube.

Al conocerse la sanción establecida para Witsel, de dos meses y medio sin jugar, se ha reabierto el eterno debate acerca del castigo que merece el infractor. Lo más lógico parece que Witsel pasase tanto tiempo en la nevera como Wasilewski tarde en volver a jugar. Aunque también es cierto que, por esa regla de tres, Figo habría acabado su carrera mucho antes, el día que lesionó al defensa del Zaragoza César Jiménez, allá en enero de 2005.

Y qué decir de los responsables de las lesiones de Luc Nilis, Djibril Cissé, Juninho Paulista o Eduardo da Silva. Todos los años el fútbol nos deja alguna imagen de una lesión escalofriante: una rodilla doblada noventa grados hacia adelante, un tobillo del que cuelga a duras penas una bota negra, el hueso astillado de un peroné que atraviesa una media, e invariablemente, un jugador retorciéndose de dolor sobre el césped.

Piscinazos y piscinazos

Precisamente el delantero del Arsenal Eduardo, que el año pasado se lo pasó en blanco después de que el defensa del Birmingham Taylor le destrozase la pierna izquierda, ha sido el protagonista de una de las historias bizarras de la semana. La UEFA, en su arbitrariedad infinita, le ha sancionado con dos partidos por un piscinazo en el Arsenal-Celtic de la previa, que de hecho el árbitro marcó como penalti y que acabó en gol del mismo delantero croata.

Unos días más tarde, el mismo Arsenal de Eduardo se enfrentaba al United en Old Trafford. Las cosas iban bien para los chicos de Wenger, ganaban 0-1 en el minuto 59, cuando un pase en profundidad en el área de Almunia acaba con Rooney dejándose caer y el árbitro marcando el correspondiente penalty. Parece que se confirma el adagio de que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón, porque no ha habido sanción alguna para Rooney. Y para colmo es reincidente: hace unos años ya había fingido con éxito contra los gunners (ambos piscinazos están disponibles al buscar “rooney arsenal penalty” en YouTube).

Desaparecidos del mapa Tévez y Cristiano, da la sensación de que Wayne se va a pasar el año a lo Juan Palomo. No es el jugador más rápido del equipo, no va especialmente bien por arriba y tampoco tiene un gran regate, y sin embargo ahí sigue, año tras año tirando del carro. Se ha convertido en el jugador franquicia inglés, titular indiscutible en el mediocre equipo nacional, se afeita la cabeza en la penúltima campaña de Nike e incluso lleva cinco años consecutivos en la portada de la versión británica del FIFA. Quizá sea por eso que los árbitros cada día son más condescendientes con él.

Un momento, ¿esta historia no la hemos vivido antes en España?