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martes, 11 de octubre de 2011

El mundo de Wayne

Por snedecor
Hay quien dice que no somos más que la consecuencia de un sin fin de factores circunstanciales que acaban moldeando nuestra personalidad y, en muchas ocasiones, marcando toda nuestra existencia. Especialmente influyente sería entonces el entorno en el que uno nace y crece, el mundo al que te arrojan y desde el que debes construir tu propia vida, porque no es lo mismo nacer en Somalia que en Buckingham Palace, por ejemplo. Sólo unos pocos elegidos son capaces de romper (para bien) esas barreras que delimitan todos los mundos que están en este, gente con un talento especial y la necesaria dosis de suerte para poder vivir de él. Por ejemplo: ¿dónde estaría Wayne Rooney sin sus extraordinarias condiciones para el fútbol?

Reconozco que la pregunta es sensacionalista y tendenciosa. Y profundamente injusta: ni lo sabríamos ni (lo que quizás sea peor) nos importaría una mierda. Pero si naces en plena era Thatcher en Croxteth, un suburbio de Liverpool, en el seno de una familia obrera con todas las virtudes y miserias de una familia obrera de un suburbio de Liverpool como Croxteth en plena era Thatcher, lo más fácil es que acabes siendo uno de esos tipos duros y sin futuro que acostumbramos a ver en los crudos retratos de la sociedad británica que de cuando en cuando nos regalan Stephen Frears o Ken Loach (o hasta el primer Guy Ritchie).

Y aunque tengas ese talento y esa suerte necesarios para triunfar en un mundo distinto, a veces la influencia de esos orígenes es tan grande que acabas haciendo lo mismo que harías allí, sólo que con más dinero e, inevitablemente, con más repercusión. Así que te tomas tus pintas, montas timbas con tus amigotes, dejas deudas que pagas tarde y de mala gana, tienes tus problemillas con tu novia de toda la vida, te vas de putas, te reconcilias... Lo normal con veinticinco años, solo que ahora, en vez de tu barrio, se entera medio planeta. Bueno, quizás en Croxteth hubieras asumido mejor tu alopecia. Pero el caso es que, si tú haces lo que sería lo normal, qué no harán quienes sólo han escapado de esa vida anónima de rebote, y gracias a ti.

10.000 libras, 14 años después

Las apuestas forman parte del paisaje cotidiano de la vieja Inglaterra y, de cuando en cuando se mezclan con el fútbol. Algunas veces, de forma curiosa e inocente: allá por 2006, cuando Steve McLaren hizo debutar con la selección inglesa al portero Chris Kirkland, el padre del guardameta y varios de sus amigos se llevaron 10.000 libras por cabeza gracias a una apuesta sellada por la pandilla en 1992. Se jugaron 100 a 1 en William Hill a que el niño llegaría a ser internacional antes de los 30, y ganaron.

Pero una cosa es convencer a tus colegas de pub de que tu chico es lo suficientemente bueno como para que tiren 100 libras a la basura (porque aunque ser portero de Inglaterra no es un objetivo precisamente inalcanzable, dudo que alguien se lo tomara como una inversión) y otra muy distinta es intentar sacarte un sobresueldo que no necesitas, sólo por la cosa de ser más listo que la casa de apuestas.

Ahí es cuando se te olvida que tu hijo es multimillonario y surge el animal de barrio que llevas dentro. Porque en el último escándalo de los Rooney no se está hablando de una mafia internacional, ni siquiera de una trama de amaño de partidos surgida al albur de la proliferación de las casas de apuestas virtuales (¿qué pasó con ese Las Palmas-Rayo?), sino de una panda de timadores de (relativa) poca monta.

Una tarjeta roja para celebrar

El 14 de diciembre de 2010, la casa de apuestas Blue Square detectó algunas anomalías en torno al Motherwell-Hearts de la Premier escocesa. Entre las muchas opciones de juego relacionadas con aquel partido, la posibilidad de que hubiera algún expulsado (que se pagaba 10 a 1) parecía concitar el interés de demasiados apostantes. Escamados, en Blue Square impidieron que un cliente nuevo apostara más de 200 libras a esa posibilidad, pero según algunos medios llegaron a producirse apuestas de casi 5.000 libras. Y en el minuto 83 de partido el colegiado expulsó con roja directa a Steve Jennings, del Motherwell, por insultarle al protestar una jugada polémica. Las cámaras captaron el enfado del futbolista camino de los vestuarios; los apostantes debían estar celebrándolo por todo lo alto.

Esas cantidades anormalmente altas para una apuesta teóricamente secundaria (y que acabó siendo ganadora) alertaron a las autoridades, que apenas dos días después del partido ya anunciaron el inicio de sus investigaciones. Porque muchas de esas apuestas se habían realizado en el entorno geográfico del que procede el jugador expulsado, y lo demás fue tirar del hilo.

Resulta que Jennings, natural de Kirkby, otro duro suburbio de Merseyside, había coincidido en las categorías inferiores del Everton con la hoy estrella del Manchester United. Sus carreras pronto se separaron: mientras uno debutaba con los Toffees y se convertía en el goleador más joven de la Premier, el otro salía rumbo a los juveniles del Tranmere Rovers. Pero parece que algo de relación sigue existiendo. Según la investigación de The Sun (ejem), Jennings es amigo en Facebook (ejem ejem) de 3 miembros del clan Rooney: los dos hermanos menores del astro y uno de sus primos.

Y, oh funesta casualidad, entre los apostantes en aquel partido del 14 de diciembre de 2010 se encontraban, al parecer, el padre y el tío de Wayne Rooney. La semana pasada, tras diez meses de pesquisas, la policía detuvo a 8 personas en los alrededores de Liverpool, entre ellas Wayne Rooney senior y su hermano Richie, además de al propio Jennings, que fue arrestado en Glasgow y podría enfrentarse a 10 años de cárcel.

¿Coincidencia o acto planeado? ¿Fríos cerebros o simples receptores de un tentador soplo proveniente de un degradado ambiente que los Rooney nunca han abandonado? La Justicia dirá. Entre tanto, Wayne hace lo que probablemente haría en Croxteth si su padre se hubiera metido en un lío: desahogarse con una buena pelea sin motivo aparente. Sólo que en su vida real, tras cocear a un defensa montenegrino, debe cargar con las iras de una prensa y unos aficionados acostumbrados a exigir (que no a cumplir) otros códigos de conducta. Porque para ellos la alfombra de Wembley no es el asfalto de Croxteth, pero para Wayne son dos mundos inseparables. Su propio mundo.

Por cierto, la roja a Rooney en el partido de Montenegro se pagaba 20 a 1. Seguro que alguien (quizás también en Croxteth) hizo negocio.

martes, 15 de febrero de 2011

Tres recientes disparates futboleros

Por Halftown


1- La Premier retira los vídeos del gol de Rooney de YouTube

El pasado fin de semana había derbi de Manchester. En un Old Trafford hasta la bola, el líder de la Premier recibía al club que más dinero ha tirado por la borda en los últimos dos años. Partido programado a mediodía, para que los chinos no se desvelasen por ver al club de sus amores. Total, que los europeos que fueron a misa de doce, los italianos que tuvieron su propio partido y los americanos de Quebec a Ushuaia se quedaron sin verlo en directo.

La cosa no habría pasado a mayores si Wayne Rooney no hubiera decidido fabricarse el gol del año. Una chilena estratosférica que dejó helado al portero del City y a medio Manchester. Así que todos los que no estaban frente a la tele hicieron lo mismo: buscar la maravilla en YouTube. Y nada. La Barclays Premier League se empeñaba en retirar uno a uno los vídeos del asesino con cara de estibador. El argumento: YouTube no ha pagado los derechos de emisión de la Premier.

El campeonato inglés presume de ser el más global, pero sus dirigentes siguen pensando miopes, incapaces de ver el bosque: ¿qué mejor publicidad para la que pretende ser la mejor liga del mundo que un gol del calibre del de Rooney? ¿De verdad quieren que veamos el mejor gol del año gracias a unos indonesios que grabaron la tele con una videocámara?

2- El departamento de Homeland Security chapa rojadirecta
Unos días antes de la Superbowl –esa final deportiva que los yanquis venden como la más vista del planeta y que tuvo un 10% de la audiencia de la final de Sudáfrica-, el departamento de seguridad nacional estadounidense echaba la persiana a varios sitios de streaming deportivo, entre ellos el español rojadirecta.com.

Aquí hay una doble lectura. Por un lado, está el hecho de que un sitio web de alcance mundial lo pueda cerrar un organismo norteamericano cuya competencia –como su nombre indica- se limita a las fronteras estadounidenses. Será que el servidor de la página está en suelo yanqui. Vaya por delante que de momento han chapado los dominios .com y .org, pero el .es tardará en caer lo que tarde en redactarse un cable del embajador americano a la Ministra de Cultura.
Queda claro que internet es algo tan global y neutro como lo pueda ser la ONU. Que sí, que mucho espíritu multicultural y buenrrollista, cumbayá, pero al final ARPANET fue un invento del ejército de los EE. UU. y la ICANN, la sociedad que se encarga de los dominios online, tiene su sede en California. Así que el día que lo de la plaza Tahrir suceda en Times Square, FNF pasará a ser un fanzine.

Sobre el segundo punto, la cosa es tan sencilla como que no hay ningún operador que sea capaz de ofrecer en formato de pago lo que rojadirecta ofrece gratis, aunque ilegamente. Y obviamente no hablamos del apasionantísimo duelo por el pichichi, sino de los clubes pequeños con aficionados en todo el mundo: hoy es imposible ver al Emelec desde España, al Racing de Santander en Francia o al West Ham desde Italia si no es tirando de streaming. Ni en diferido ni en directo. Ni en abierto ni en pago por visión.

El negocio audiovisual futbolero está tan osteoporótico que probablemente la única razón por la que no le ha pasado como a la música y el cine es que el valor de un partido de fútbol se devalúa radicalmente en cuanto deja de verse en directo.

3- La camiseta de España vale menos que la de Francia
Y mira que Angel María, el gurú de los destinos rojigualdos, lo volvió a ver claro: mientras le daba Cristasol a la Copa del Mundo, el presidente de la RFEF llamó a la sede de Adidas para renegociar el contrato que une a la marca alemana con la selección española. Todo por la pasta, a pesar de que últimamente Adidas haya decidido vestir a la Roja con la camiseta suplente de Rumanía. Hasta ahí, todo bien.

El anterior acuerdo establecía que la roja llevaría las tres rayas alemanas a cambio de 27,3 millones de dólares al año. La renovación hasta 2018 se cerró en 32,7 millones por temporada, casi un 20% de aumento, por encima del acuerdo de Adidas con la Federación Francesa. El único pero es que Francia acaba de firmar un acuerdo con Nike por 43 millones de euros anuales. Y Francia, con un palmarés comparable al español, es una selección que hizo un ridículo tan espantoso en Sudáfrica que Adidas les reclamó una indemnización. Un equipo cuyo dorsal 10 que llevaron Platini y Zidane hoy se llama Karim Benzema.

Con Francia perdida, los tres bastiones de Adidas a nivel de selecciones son Argentina, Alemania y España. Argentina no está en posición de renegociar en base a sus deméritos deportivos. Alemania ya perdió pasta por serle fiel a Adidas, pero al fin y al cabo la cosa queda entre alemanes. España, campeona de Europa y del Mundo en título, con la generación de futbolistas más brillante de sus historia, podía haber sacado un contrato a la altura de sus méritos.

Quizá por echar tierra al asunto no tardó en filtrarse desde la Federación que el propio Villar rechazó un cheque en blanco de Nike. Qué más dará el dinero, Angel María, si tu brillante discurso ante la FIFA nos ha conseguido la organización del Mundial 2018.