miércoles, 10 de junio de 2009

Un himno sevillista para la Roja

Por Bob Stuka
Se abre el telón y aparecen un humorista sevillista y un cantante bético. Se cierra el telón y... componen un himno para la selección. ¡Maldita Alianza de civilizaciones!

El moranco César Cadaval –el bajito, o el gordito, como prefieran– y José Manuel Soto (Por ella, Déjate querer, Amigo rociero y otros bombazos sonoros del delta del Guadalquivir) se han sacado de la bocamanga un tierno himno pijo-kitsch aflamencado para celebrar el centenario de la Federación Española de Fútbol (FEF). Se llama La Roja, y quiere quedarse para siempre como tonada de la selección de fútbol.

Se trata de un cántico muy localista, tapizado de rancio flamenquito andaluz. O sea, en plan topicazo rumbitero, nada más alejado del buen cante. Y, oh sorpresa, con evidentes referencias sevillistas. Es un valsecito entrecortado y poco coreable, por cansino. La única mitad con algo de chispa de Los Morancos (a César lo que es suyo) es el compositor. ¿Cómo lo hizo? Pasando a El Arrebato por la turmix de Siempre Así, grupeto que, para más inri, acompaña a El Soto en su interpretación. Y el ritmo es, así, el de siempre. Luego se lo envió a la FEF, que tragó.

El humorista Cadaval y el ex galán Soto son amiguetes y residentes en Sevilla desde hace muchos años. A ambos les gusta la buena vida y el taco en el bolsillo. ¿Que el segundo necesita un cable, en una mala racha? Allí está el moranco para ofrecerle su canción, con la connivencia de Ángel María Villar. Cadaval intentará repetir el éxito de su canción Sevilla tiene un color especial, que compuso para otros amigos, Los del Río. [Todos los sevillanos te decimos, a viva voz: "Gracias, moranco, por el coñazo que nos dan con lo del color especial, su gente y el azahar. De todo (dedo) corazón".]

Volviendo al himno, es incuestionable que César Cadaval, muy pero que muy sevillista, ha impregnado cada rincón de la letra de analogías, guiños, loas, capotazos y hasta plagios de su Sevilla Fútbol Club del alma. Bueno, plagiar, plagiar, no ha plagiado, pero se ha inspirado claramente en otro Himno del Centenario, el sevillista, de El Arrebato, mucho más coreable. Para algo se llegó a rumorear que lo escribió el mismísimo Del Nido.

Con sólo un vistazo somero a la letra del nuevo himno basta para atisbar que La Roja (la canción) es sevillana y, si me apuran, sevillista. Comienza igual que el hit de El Arrebato, pero sin palmas. Y entra El Soto:

"La historia lo cuenta ("cuentan las lenguas antiguas", dice El Arrebato) que la Furia roja fue el nombre que puso a la selección ("su madre Sevilla y le prestó su nombre") que fue por su garra, su casta y coraje (el himno del Sevilla empieza apelando a "el equipo de la casta y el coraje") y fue el propio fútbol quien la bautizó".

El estribillo, pura psicodelia

Luego llega la rampa hacia el estribillo, con ripios del tamaño de: "Cantemos, gritemos, que son los mejores nuestros jugadores, que ya están aquí". Inenarrable. Todo encaja. Todo muy de El Soto, ese crooner descabalgado, ese Bertín de segunda que fue alma máter del trasnochado sotismo que aún puebla las catacumbas del abolengo decimonónico que gira en torno a la Turris Fortissima.

Y sigue el himno, tras un par de vivaespañas, hasta que llega el súmum del sotismo: "Lara, lara, larara....". Sin duda unos laralas primos hermanos de los que popularizó el cantante bético en Por ella.

La traca es un poco más bética: "¡Ole España, ole España, ole, España!", inspirada en el último himno del Betis ("ole, ole, ole ole, Betiolé"). Por cierto, que El Soto se postuló para el himno del centenario verdiblanco, que al final recayó en otro compadre del moranco, Rafael Serna.

Denle las gracias a Vocento, porque la primicia planetaria del nuevo himno no la dio Leire Pajín sino abc.es. El diario más leído en la capital andaluza le preguntó a El Soto si cree que la tonadilla peca de "un excesivo toquecillo andaluz". "Hombre, somos andaluces quienes lo cantamos y quien lo ha compuesto, pero nada más, no salimos vestidos de toreros", responde. ¡Viva el topicazo, maestro!

Reúnan víveres, ejerciten su aguante, practiquen: "Un, dos, tres, respira hondo"... prepárense, en suma, porque nos van a dar la Copa Confederaciones. Y eso será sólo el aperitivo, ya que el objetivo es que el himno triunfe en el Mundial de 2010. Para los interesados, se estrenará en septiembre, en el España-Bélgica de La Coruña.

Epílogo para los fans del inefable José Manuel Soto: Por ahora, nuestro hombre se conforma con hacer oposición a Lopera e himnotizar a toda España machaconamente. Después, un disco nuevo por sus 25 años de carrera y otro en directo en un teatro con colaboraciones, en el que repasará toda su trayectoria (¿dará tiempo?).

Deja de querer, José Manuel, deja de querer, no seas crué. Hazlo Por ella, por la Roja.

No ha empezado la Copa confederaciones y yo ya echo de menos el "lo lo lo lo lo lo...".

La letra del himno 'La Roja'

La historia lo cuenta que la Furia roja

fue el nombre que puso a la selección

que fue por su garra, su casta y coraje

y fue el propio fútbol quien la bautizó

banderas al viento de los españoles

que se entere el mundo que España es así

¡Cantemos, gritemos , que son los mejores

nuestros jugadores que ya están aquí!

Roja pasión española, dueña de los corazones

de una afición centenaria, que se muere por sus colores

Roja pasión española, la dueña de nuestras almas

que hace que todos cantemos ¡Viva España, viva España!

Lara, lara, larara....

¡Ole España, ole España, ole, España!

Londres, football free (for a while)

Por Halftown
Si hay una ciudad en el mundo donde se respira fútbol por los cuatro costados, ésa es Londres. Con cinco equipos en la Premier League y tres más en la segunda división, es complicado encontrar un londoner que no tenga un equipo favorito.

Sin embargo, el único momento del año en el que la locura futbolera londinense echa el freno es durante el mes de junio. Pasada la resaca de la Premier, aparcada en el baúl de los recuerdos una nueva final de la FA Cup, y todavía frío el mercado de fichajes, hay poca cosa que comentar. Uno se deja caer por Carnaby Street para pasar por The Soccer Scene, y las camisetas de la nueva temporada languidecen a falta de héroes que les den vida.

La nueva equipación de la selección inglesa, precioso diseño de la marca anteriormente inglesa Umbro, no triunfa entre los aficionados, acaso aburridos de coleccionar ridículos nacionales. En la tienda de Adidas de Oxford Street, las nuevas camisetas azules del Chelsea acumulan polvo. Al preguntarle el porqué a un taxista -hammer del West Ham para más señas- su razonamiento es directo: ni las venden, ni las venderán, porque toda Inglaterra odia a los blues.

El único sitio en donde hay movimiento es en los kioskos callejeros que venden réplicas falsas de las camisetas de los mejores jugadores de la Premier. Delante de mí, un grupo de adolescentes americanos se rifan las elásticas rojas con el 7 de Ronaldo a la espalda a 19,99 pounds. Junto a ellas, por cierto, siento un subidón de orgullo patrio al ver los dorsales de Torres y (Cesc) Fábregas entre los favoritos del tocomocho mercantil londinense.

England is different

Echándole un vistazo a la prensa, me llama la atención que en Inglaterra no haya ni un solo periódico deportivo. ¡Ni uno! Todos los grandes dedican suplementos carnosos los fines de semana, y publican amplios resúmenes los lunes, pero no hay un equivalente a L'Équipe, La Gazzetta dello Sport o el best seller español por excelencia, el Marca. Me dice un amigo inglés que el problema está en que deportes como el baloncesto o el tenis tienen poco seguimiento. Le digo que vale, pero que entre el fútbol, el incomprensible cricket, el rubgy y la fórmula uno que dominan Button y Hamilton, hay material para llenar un diario.

El cielo amenaza lluvia, así que me planteo cruzar el Támesis hacia el impresionante IMAX que, a diferencia del que hay en Madrid, sí que programa películas normales. Más aún, en este momento tienen en cartel la copia remasterizada y digital de Operación Trueno, protagonizada por the real James Bond, Sean Connery. Por cierto que, mirando la cartelera, descubro el Looking for Eric de Ken Loach. ¿Metadona cinematográfica para paliar el mono de fútbol real?.

Al final, decido entrar en un pub a media tarde. Hay fútbol en televisión, pero poca gente presta atención. Me acerco tímidamente y descubro que la selección inglesa de Capello está jugando, y ganando fácil, en Kazakhstan. Intento recordar la capital de Kazakhstan a bote pronto, pero sólo llego a la vecina Bakú. Me pregunto si será Astana, la del equipo ciclista que no paga a sus corredores. Veo en el once titular a Emile Heskey. What the fuck, que dice mi javascript:void(0)compañero de barra. En fin, que el próximo partido de los pross será contra la temible Andorra en el nuevo Wembley.

Le doy finalmente la espalda al partido y pido una pinta de John Smith. Cheers, Fabio.

jueves, 4 de junio de 2009

La leyenda del Non-Flying Dutchman

Por Halftown
Escribo estas líneas sentado en la preciosa T4 madrileña, esperando a que me dejen embarcar. Hace apenas unas horas se ha caído un avión de Air France en mitad del Pacífico sin motivo aparente.

Los pasajeros comentan por lo bajini los detalles que se filtran del desastre e intercambian miradas de circunstancias. Yo, sentado con mi ordenador en las rodillas y sin haber hecho los deberes para la semana entrante, no puedo evitar acordarme de Dennis Bergkamp.

El delantero holandés, que mano a mano con Wenger llegó al Arsenal para devolverlo al olimpo del fútbol hace ya trece temporadas, es tan recordado por su elegancia como por su pánico al avión.

A lo largo de sus dos temporadas en el Inter y sus nueve campañas con los gunners, Bergkamp sólo jugó los partidos de casa en competición europea. En ocasiones especiales, como el Mundial 98 o la Euro 2000, el bueno de Dennis salía un poquito antes de Londres, y se plantaba en la concentración holandesa en barco o cruzando el Eurotúnel.

¿Qué le pasó a Dennis para negarse rotundamente a visitar un aeropuerto? Para entender su trauma, hay que remontarse a la temporada 88-89. Un veinteañero Dennis Bergkamp ha hecho olvidar a Marco Van Basten y es titular en el Ajax al lado de los Jan Wouters, Danny Blind o los hermanos De Boer. En aquel equipo, antes de la era Van der Sar, era titular bajo palos Stanley Menzo.

Click

A finales de temporada, se organiza la cuarta edición de un partido de exhibición llamado "Kleurrijk Elftal" (equipo colorido), en el que se pretendía que jugasen en casa las estrellas holandesas con raíces en Surinam, al más puro estilo Harlem Globetrotters. Sin embargo, a sus respectivos clubes no les pareció tan buena idea, y de esa manera los Ruud Gullit, Aaron Winter o Frank Rijkaard se quedaron en tierra. En lugar de su primer portero, el Ajax autorizó la presencia del segundo meta, Lloyd Doesburg.

El vuelo de Surinam Airways, con dieciocho jugadores de la Eredivisie holandesa a bordo, se estrelló cuando intentaba tomar tierra en el aeropuerto de destino. Ciento setenta y seis pasajeros murieron, entre ellos quince de los dieciocho integrantes de los "Kleurrijk Elftal". Ninguno de los tres supervivientes volvió a jugar con su club.

Al entierro de Doesburg acudió la totalidad de la plantilla del Ajax, incluido Stanley Menzo, que al final se había rebelado contra el club y había decidido volar hasta Surinam por su cuenta. Entre los jugadores que llevaron el féretro sobre los hombros estaba Dennis Bergkamp.

Cinco años después, Bergkamp superó su creciente aversión por los aviones, y cruzó el Atlántico con la oranje para jugar el Mundial 94. En uno de los vuelos que debían coger se difundió el rumor de que había una bomba en el equipaje. Algo en la cabeza de Dennis hizo click y lo que era reticencia temporal pasó a convertirse en fobia permanente.

A partir de entonces, añadió una cláusula a cada uno de sus contratos en la que se especificaba su negativa a disputar los partidos que no estuvieran a tiro de piedra de su casa. Los fans ingleses le bautizaron a su llegada a la Premier como The Non-Flying Dutchman (El holandés que no vuela). Poco tardaría Bergkamp en demostrarles que, en el fútbol, no hace falta avión para volar alto.

sábado, 30 de mayo de 2009

Saya blanca busca serigrafía

Por Halftown
Todos los equipos de la primera división española tienen un patrocinador. Entre patrocinios institucionales oficiales (Andalucía en el Betis) o extraoficiales (TV3 en el Barça, Aeroport de Castelló en el Villarreal), empresas implantadas en la zona (Petronor en Bilbao) o alguna que otra casa de apuesta online, no hay camiseta sin una marca serigrafiada en el pecho. ¿Todos? No. Un solo equipo no ha conseguido fondos por estampar un logotipo sobre su casaca: el Rácing de Santander.

Habla La fuente de Cacho, el himno extraoficial del equipo cántabro, de una muchacha que sube por la alameda, luciendo la saya blanca y el pañueluco de seda. Parece que la saya, una prenda típica de la Vega de Pas, ya no es lo único blanco que se lleva en Cantabria. Más aún: haciendo una búsqueda rápida, FNF no ha conseguido encontrar ningún club de las cinco principales ligas que no tenga al menos un patrocinador. En la liga francesa o en la alemana no es raro encontrar equipos que parecen un fórmula uno, llenos de pegatinas por todas partes.
Según el último estudio anual de Sport+Markt, la liga española no es, sorprendentemente, una de las mayores en cuanto a ingresos por patrocinio de las camisetas. Es más, medio millón de euros por debajo de la Ligue 1 francesa, el campeonato español es el que menos ingresa por ese concepto del top 5 de ligas europeas.
De ayer a hoy

Hace exactamente un año, el Racing entrenado por Marcelino García Toral se clasificaba por primera vez en sus 96 años de historia para disputar la Copa de la UEFA. En su plantilla, un medio centro internacional por Argentina, un central fichado por el Madrid para sustituir a Cannavaro, y hasta una estrella mediática polaca. La afición, exportaba su Fuente de Cacho, estilo Anfield Road, allá donde fuese. Y estampados en la camiseta verdiblanca no uno, sino dos logotipos.
Un año después, el Racing ha vuelto a instalarse en la zona gris de la tabla, y la cosa no ha ido a mayores gracias a un remiendo invernal llamado Nikola Zigic, que ha enchufado la friolera de 12 goles en 18 partidos. Marcelino se marchó, y su sustituto fue el antiguo mediocre defensa Juan Ramón López Muñiz. El central fichado por el Madrid, que continuó a préstamo en Santander, ha hecho una temporada al nivel de Cannavaro. La afición, 19.000 socios sobre 22.000 asientos, sigue ahí, pero ha convertido el Muñiz vete ya en el nuevo hit de El Sardinero. Y de los patrocinadores, ni rastro: Norquimia decidió no renovar el compromiso ante la incertidumbre de la economía y de conservas Lolín (dicho sea de paso, las mejores anchoas de España) no se tienen noticias.

De esta manera, el Racing de Santander ha pasado la única temporada en la que se ha paseado por Europa –visita al parisino Parque de los Príncipes incluida- con la camiseta en blanco.
El argumento del presidente Pernía -por otra parte, el único del fútbol español que no sabe de fútbol y lo reconoce públicamente- es que más vale dejar la camiseta virgen, que malvenderla. Sin entrar a valorar las ofertas que haya recibido, que por otra parte no las ha hecho públicas, suena cuando menos sospechoso que los otros diecinueve equipos de primera hayan recibido ofertas satisfactorias, y el Racing de Santander, no.

Parece que en la temporada que viene, con la crisis tomando café con Astiazarán en la sede de la LFP, buena parte de los patrocinios se irán a pique, y los uniformes de los equipos volverán a parecerse a los del Subbuteo. Así por lo menos Pernía no necesitará buscar una excusa si no encuentra quien le adorne la camiseta.

lunes, 25 de mayo de 2009

El anuncio del fútbol sin fútbol


Por Lola Dirceu

¿Las clases de antropología para desguazar las tesis de Malinowski? Un tostón de cojones. ¿Las teorías de Desmond Morris sobre lo macacos que seguimos siendo? Interesantes, pero tanto homínido y tanto pelo me recuerdan la espalda de Alfredo Landa (grima). El señor de las moscas, el Gran Hermano de Orwell, el de Telecinco, La Granja ora VIP ora de polígono, Supervivientes, islas de famosos, corralas de vecinos, microcosmos, macrofiestas…. Nada. Lo que más certeramente ha retratado la lucha de sexos, la diferencia entre pililas y rajitas, lo divergentes que son los horizontes bien hayas nacido con los cromosomas XX o XY ha sido el colosal anuncio de Heineken. Ya saben, la anfitriona enseña su nuevo vestidor a sus amiguitas divinasdeladeath. Chilliditos, abracitos, arrumacos y muac muac muac sin tocarse las mejillas ante ese zapatero descomunal y esos armarios con dudas dentro ¿qué vestido ideal me pongo hoy?

Del otro lado del muro, alborozo, alaridos, éxtasis indescriptible… Ellas se preguntan, ¿qué coño pasará tras el tabique que genera más gustito que tener todo este arsenal de jimmy choos? Pues birra. Océanos de birra. Universos rubios y refrescantes. Y lo más importante, reservas interminables, que a partir de las 10 de la noche es una putada que el chino te diga que nasti, que le multa la poli. Retrotraídos a la infancia, los colegas cuarentones babean, gatean, se abrazan, se preguntan si es cierto lo que ven sus retinitas. Tiemblan ante la imagen de esas gélidas cámaras llenas de felicidad embotellada. Los ojos desorbitados de uno de los amigos o el san Vito que se marca otro ante la visión de este búnker con espumita son verismo en grado sumo, telerrealidad, cámara oculta de Miralles. Ni De Sica y Antognoni juntos, vamos. Que las cámaras de Callejeros salgan de las chabolas, joder, que hay otras verdades verdes ahí fuera…

En el fondo de este post, de lo que se congratulan los colegas no es de la cerveza en sí misma, sino de los momentos de placer que les proporcionará estando de nuevo juntitos, como críos que se protegen en pandilla ahora que tienen que andar solitos por la vida, sin mantitas de mamá y sin certezas. Subliminalmente o no, detrás de esas cámaras polares hay una tele de plasma como una catedral echando uefas, copas, ligas y champions, excusas para quedar con un césped mullido como fondo de escritorio donde arrullarse. Sobre ese tapiz de grama, sobre ese parvulario verde (qué gran guiño corporativo), surgen el salvaje de Malinowski, las suecas de Alfredo Landa, Morris y su recua de bonobos copuladores, y hasta Freud jugando junto a su madre con la camiseta del Rapid de Viena.



Son niños que cantan goles y lloran cuando se les cuela la pelota. BUAAAAAAAAAAHHH. Los símiles de diván podrían extrapolarse para los hooligans (no violentos, por favor) que nadan en birra, a los teutones trasegadores, y si me apuran a mis colegas del Fondo Mahou, hinchas del Moscardó de Usera (fieles forofos sin patrocinio de la marca que estaba en el Paseo Imperial).

Como poso, se sedimenta cual pelusa bolsillera una realidad palpable: Heineken retrata como más auténtica y feliz la payasería de los chicos ante un mar de cerveza comunal, que la fingida alegría de las chicas por un vestidor atómico que solamente una disfrutará ( y todas envidiarán). Qué lástima que Homer sea yanqui, porque su ingesta masiva de Duff daría mucho juego en un episodio viendo al Sporting de Springfield y dando por saco a sus cuñadas....

Ya quisiera Mahou y Casillas haber hecho un spot tan profundamente revelador como el de Heineken. Por no hablar de los de Cruzcampo, con unos topicazos mal currados y esos escenarios manidos como bares, barras, brindis, fraternidad que apesta…Además, que cambie ya la Ley de Publicidad y que por fin se pueda ver a alguien en un anuncio jaleando un gol antes de besar los labios de un botellín. Porque por mucho que se quiera proteger a los críos, ¿cómo se toma la cerveza? ¿Por vía tópica? ¿Se esnifa? ¿Se toma a horcajadas por el ano, como Cela y sus palanganas?

lunes, 18 de mayo de 2009

Loach y Cantona sí entienden de fútbol


Por Nick Panzeri

Cuando el Palais des Festival de Cannes se puso ayer de pie para ovacinar Looking for Eric (Ken Loach), no sólo premiaba una película. En realidad el cine se estaba quitando un peso de encima por años de agresiones al fútbol, un deporte con el que ha sido incapaz de intimar.

Apenas un puñado de películas ha conseguido trasladar medianamente la emoción de eso 90 minutos sobre la hierba a la gran pantalla. Además, en los pocos casos que fútbol y cine se han relacionado con éxito, ese deporte apenas pasaba de ser una mera anécdota.

La siempre recurrente Evasión o victoria (John Huston, 1981) es la única excepción digna. Un buen entretenimiento que, sin embargo, pierde toda su credibilidad si el espectador futbolero pone la lupa en los demenciales movimientos bajo los palos de Stallone.

Carlos Marañón hizo en Fútbol y cine el más profundo estudio sobre ambas disciplinas. Para él, Kes (también de Ken Loach, 1969), Evasión o victoria y Campeones, cortometraje español de Antonio Conesa (1997), son las únicas que merecen la puntuación máxima.

Según la crítica, Looking for Eric entra directamente en este podio. Dice Boyero que Loach triunfa porque habla de lo que mejor sabe: de las clases bajas y su solidaridad. "El fútbol sirve para expresar sentimientos. Además, me interesa el sentido de equipo relacionado con la idea de comunidad", comentaba ayer el propio Loach.

Curiosamente también fue en Cannes donde en el último festival se estrenó el documental que Kusturica hizo de Maradona. Y por la Croissette ha paseado como una estrella del celuloide Cantona, cuya frase "I'm not a man, I am Cantona" ya es la mejor de la ecuación séptimo arte-fútbol. Según el jugador, Ken Loach es como Alex Ferguson "porque ambos saca lo mejor de sus actores o futbolistas y porque ambos siguen buscando nuevas ambiciones con el paso de los años".

Sin embargo, la buena acogida de público y crítica no asegura ningún galardón en el palmarés del festival. Más bien lo hace incompatible. Si no hay suerte, el fútbol siempre podrá recordar su único Oscar: el que conquistó Garci con Volver a empezar, en la que aparecen imágenes de un Sporting-Atlético de Madrid en un Molinón todavía en obras para llegar a tiempo al Mundial del 82.

martes, 5 de mayo de 2009

¡Silencio, se juega!

Por Halftown
La asistencia a las salas de cine en España ha caído en 2008 un 7,5% hasta los 108 millones de espectadores, lo que supone un 25% menos de espectadores respecto a las cifras de 2004.

Cuando este tipo de noticias aparecen en los medios, no pasa mucho tiempo hasta que alguien señala, mientras se ajusta las gafas de pasta apoyando el dedo anular sobre el puente, que la culpa la tiene el cine español, que es malo, malísimo. Y sí, en términos generales así es, pero no es el único culpable de que la gente en España vaya cada vez menos al cine. Los italianos, por ejemplo, han ido un 4,1% menos a las salas en 2008. Los alemanes, británicos y norteamericanos ven como el crecimiento del número de espectadores en sus salas apenas es positivo, y eso a pesar de que Batman ha tirado del carro mundial durante el pasado año, con sus 1.000 millones de dólares amasados en todo el mundo.

La conclusión de todo esto es que quizás el problema de los cines no es sólo el contenido que ofrezcan, sino el hecho de ir. Gracias a las descargas de Internet –legales e ilegales-, los televisores HD y los home cinemas, la experiencia cinematográfica en casa es de una calidad casi idéntica a la de los cines. Además, el coste de entradas + bebida y palomitas no suele bajar de 12 euros. En definitiva, cada vez hay menos motivos para ir al cine: la gente prefiere que el cine venga a ellos.

Después de toda la ensalada de cifras anterior, no deja de resultar extraño que el presidente de Mediapro, Jaume Roures, anunciase que a partir de la próxima temporada ofrecerá partidos de fútbol en los cines de España. En alta definición y con sonido Dolby, anunciaba el enemigo público número uno de Sogecable. Ver fútbol como si fuese cine… y al mismo precio.

Cuestión de miopía

Hasta ahora, las opciones del aficionado para ver el partido han sido históricamente tres: en el estadio, en casa o en el bar. Todas ellas, con sus pros y sus contras. ¿Qué aporta la proyección en cines? No tiene el ambiente del estadio, ni la comodidad del sofá, ni las cañas y tapas que acompañan el fútbol en la barra del bar. ¿Se verán los partidos con las luces apagadas? ¿Habrá que cortarse a la hora de comentar las jugadas? ¿Se podrán cantar los goles? Alta definición y sonido Dolby son los únicos argumentos de Mediapro.

Como sucede con las majors de Hollywood en el mundo del cine, la miopía de la propuesta es evidente. La penúltima muestra de ello es el intento de acabar con la sangría de espectadores mediante la proyección en tres dimensiones. Mientras productoras y salas se endeudan hasta las cejas para renovar sus equipos, la gente prefiere utilizar Netflix o BitTorrent. Cuando Mediapro propone proyectar la Liga en cines, la gente lleva años tirando de rojadirecta.

Si yo fuese el señor Roures, ofrecería no desde la próxima temporada, sino desde la próxima jornada, los partidos en streaming por internet. En alta o baja resolución, en pay per game o con abonos de temporada, la explotación comercial puede hacerse de veintisiete maneras diferentes. Mediapro parece no verlo.

Esperamos con ansiedad la siguiente idea genial. ¿Acabaremos viendo al Barça de Guardiola en 3D? Quizás eso por fin justificaría el precio de la entrada al cine…