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miércoles, 29 de junio de 2011

Top camisetas con (intra)historia 2012

Por Halftown

Los Spurs y las apps

Para un año que la gente de Puma se curra unas equipaciones del Tottenham que uno puede ponerse con dignidad fuera del estadio, al club se le ocurre llevar el logo de Aurasma. Si la empresa no les suena es normal, puesto que no es tal: Aurasma es una aplicación de iPhone que convierte la prensa escrita en una experiencia de realidad aumentada. La propietaria del invento es la empresa inglesa de software Autonomy, cuyo logo llevaba Gareth Bale en pleno hype a finales de 2010.

Cuesta entender cómo a) una aplicación de iPhone tiene la pasta para aparecer en la camiseta de uno de los clubes top de Inglaterra y b) qué coño pinta anunciándose una app en la camiseta de los Spurs. Lo próximo es que el Madrid cambie Bwin por los Angry Birds.

El Atleti engaña a los chinos

En un principio, el Atleti iba a llevar la misma camiseta que el Barça este año: una fea. Filtrada online hace meses, alguien en el Vicente Calderón tuvo el ojo clínico de echar las cuentas de cuánto pierde el club con las réplicas de palo que se fabrican en China. Así que la semana pasada el Atleti contraatacó anunciando que su modelo 2012 no será el anunciado, sino uno en un punto intermedio entre la fina línea que separa el minimalismo del aburrimiento. Al menos este año ya no hay logo de Kia.

Mientras que en algún lugar de China hay un fabricante comiendo camisetas rojiblancas, la duda ahora es si con la salida del Kun habrá alguien que quiera llevarla. Nos cuesta imaginar qué tipo de aficionado quiere lucir el dorsal de Diego Costa. Quizás uno chino…

Lisboa: to pee or not to pee

Que te patrocine una de las empresas líderes en telefonía, televisión e internet en tu país es una buena noticia. Que la misma empresa patrocine también al otro club de tu ciudad es regulero. Que te planten a ti y a tu máximo rival local un logo en el pecho que dice Meo es una putada. Por mucho que sea la segunda temporada consecutiva que te hacen el lío.

Valencia y Levante: tanto monta…

Aunque nos traicione el subconsciente, en Valencia hay dos clubes. De hecho, el Levante es el más antiguo de los dos, y sin embargo nunca ha pasado de ser el hermano bobo. Después de una temporada milagrosa, sin Luis García ni Caicedo nadie duda que es el favorito número uno para bajar la próxima temporada. Mientras tanto, el hermano supuestamente rico y guapo tiene su nuevo estadio a medio acabar y sólo le queda alquilar el murciélago del escudo a los productores de True Blood.

Afortunadamente para ellos, uno viste de blaugrana y el otro de blanco. Hasta que este año, para hacerlo todo más miserable si cabe, sus camisetas suplentes han acabado siendo la misma.

Vasco de Gama y el buen rollo con los negros

Vayamos por partes: Vasco Da Gama no puso el pie en Brasil en la puta vida. Sin embargo, el club de Rio de Janeiro en el que pescó Lendoiro a Bebeto lleva su nombre por haber sido fundado por inmigrantes portugueses.

Este año la marca que viste al Vasco, Penalty, ha decidido conmemorar la decisión del club, allá por 1924, de no excluir a los jugadores negros de la plantilla. El homenaje incluye la leyenda “Democracia e inclusión” en el cuello de la camiseta y un logo de una mano que parece de una manifa anti-ETA. Una iniciativa loable, que sin duda podría haber esperado ocho años hasta la celebración del centenario de la efeméride.

A todo esto, Vasco Da Gama de camino a la India cañoneó la ciudad de Mozambique. Un verdadero ejemplo de democracia e inclusión…

domingo, 30 de mayo de 2010

Esas camisetas malditas

Por Halftown
El otro día, cuando Inter y Bayern saltaron al césped del
Bernabéu para que Diego Milito se convirtiera en un mito neroazzurro, mucha gente se quedó sorprendida al ver aparecer a los de Van Gaal con una camiseta a rayas rojiblancas, totalmente distinta a la roja con babero blanco que habían llevado a lo largo de la temporada (y con la que habían ganado liga y copa).

Adidas, que lleva vistiendo al Bayern desde que Rummenigge era alevín, se inspiró en las equipaciones del Bayern ye-ye, y hasta incorporó en el cuello del nuevo diseño la frase “Legenden und Loyalität“ (leyendas
y lealtad), que viene siendo otra de esas paridas grandilocuentes como el famoso escudo del Bernabéu que ha lucido este año el Madrid (y que ha desaparecido en la nueva camiseta).

La marca de las tres rayas decidió que sería una buena idea adelantar el estreno de la camiseta 2010-2011 a tan señalado partido. El problema es que, después del partido, pocos aficionados del Bayern querrán comprarse una camiseta que huele a derrota.


La nueva camiseta del Bayern es inesperada, pero no ha llegado a causar ta
nto revuelo como la que causó la de 1995. Entonces el Bayern -con un Beckenbauer que ya había pasado de káiser a führer-, trajo a Jurgen Klinsmann, que venía a formar dupla de veteranos con el francés Papin. Para la ocasión, Adidas se descolgó con una equipación azulgrana, más propia del Crystal Palace que del Barça, que es recordada por la afición muniquesa como una de las más infames de la larga historia del club. A pesar de la pésima fotogenia de aquella camiseta, al final la cosa no les salió mal: se llevaron la UEFA del 96 y la Bundesliga del 97 (sí, Adidas mantuvo semejante espanto durante dos temporadas consecutivas, olé sus kartoffeln). Y es que cuando en un equipo juntas a Matthaus, Scholl, Kahn, Sforza, Papin y Klinsmann, juegan bien hasta con el traje tradicional bávaro.

Sir Alex contra la camiseta del Ojo Mágico


Aunque sin duda, en el peliagudo tema de las camisetas, la palma se la lleva, una vez más, Sir Alex Ferguson. Corría abril de 1996, y el United había conseguido no sólo recortar los diez puntos de diferencia que le sacaba el Newcastle de Alan Shearer apenas unos meses antes, sino ponerse seis puntos por encima de las Urracas. Los de Ferguson, que tenían un partido
relativamente fácil en Southampton contra Le Tissier y compañía, salieron a jugar con la segunda equipación diseñada por Umbro aquella temporada, un diseño gris con una greca extraña. Mirado de cerca, parece uno de esas imágenes 3D en las que se supone que al cabo de un rato tienes que ver aparecer un velero.

Al descanso, el United iba 3-0 abajo, algo insólito para un equipo en el que estaban las mejores versiones de Keane, Giggs, Beckham y Cantona. Fue entonces cuando Sir Alex tuvo una epifanía: el problema era de las camisetas, que camuflaban a sus jugadores con la grada, y así no había quien diera un pase a derechas.

Ni corto ni perezoso, el escocés ordenó a sus chicos que se pusieran la tercera camiseta, azul y blanca, y saliesen a remontar el partido.
Al final, los de Fergie perdieron 3-1.
El propio Lee Sharpe reconoció años después que, aunque la camiseta no ayudaba, la realidad es que no jugaron una mierda en aquellos primero 45 minutos en The Dell.

La camiseta gris, con la que el ManU ganó un partido, empató otro y perdió cuatro, fue retirada dos años antes de lo previsto y jamás volvió a ser utilizada. Sin ella, el United encadenó tres victorias seguidas para llevarse la Premier y una más para quitarle al Liverpool la FA Cup y conseguir el segundo doblete en tres años. El tercer gol del Southampton aquel 13 de abril, de Le Tissier, sería el último que encajaría Schmeichel aquella temporada.


Unos meses después, a principios de la 96-97, el United volvió a Southampton, esta vez de azul y blanco desde el minuto uno de partido. La cosa acabó como el rosario de la aurora: 6-3, set y partido a favor de los locales, vaselina para la Historia made in Le God incluida.




La camiseta gris jamás fue exculpada.

lunes, 13 de julio de 2009

La liga de los sanfermines

Por Lola Dirceu
Vuela el cohete a las ocho en punto. Suena obertura de cencerros. Doce cuchillos viajan a lomos de locomotoras de 500 kilos. Primera estación; Santo Domingo. En frenética carrera, tiran navajazos que buscan sangre de kalimotxo y también anatomías obedientes que se han acostado a su hora. Uno de cada 60 mozos terminará magullado; uno de cada 700 escuchará la música del ambulancia; sólo uno de cada 2.800 sentirá dentro el fuego del pitón.

Año tras año, la realización de la tele se afana en los ángulos que mejor detallen el peligro y el drama de los sanfermines. Cornamentas, cornadas, curvas, carreras, caídas, callejones, cataclismos, catafalcos de corredores... Un recorrido, cual caligrama, que se alitera en la c, que se afila como una cimitarra. Ostiones en curva en Mercaderes. Morlacos y mozos se incorporan, a duras penas, para enfilar el hectómetro de Estafeta. Se abren huecos, carreras limpias. La tele barre en panorámica. Entre la turbamulta, ya empiezan a destacar camisetas. La hay blancas. Las hay blancas, estampadas con vino. Pero las que fijan la atención son las de fútbol.

La vista se marcha, indefectiblemente, a las evoluciones de un menda que lleva la tercera equipación (verde, gris) del Barça; al pibe de Osasuna cuando tenía la publi de Rosado de Navarra, al tipo del Atleti el año que promocionaba pelis de Cerezo; a un par de dameros de la Selección croata; al atuendo de la Real Sociedad que anunció Kraft; al colega del Betis vestido por Kappa, al menda con la del Valladolid con publi de Helios, a tipos del Oporto, de River, de la Selección argentina, de Holanda, cómo no seguir con las pupilas una espantosa rojigualda con mangas azules del Valencia, con la serigrafía de Terra Mitica... Ni Franco hubiera aunado mejor la España de balompié y toros. También se perciben muchas camisetas de la Liga municipal de turno, patrocinadas por Agencia de Viajes La Trotamundos, Café Bar Hermanos Núñez o Dimas: chapa y pintura. Con todos ellos yo montaría un gol regañao cuando el encierro se acaba. El que pierde paga, y en San Fermín tiene que salir por un pico.

Muchos son los que en la patria chica de Hemingway se quieren hacer notar en ralentizados frames. Como el pamplonica Juan Pedro Lecuona uno de los mozos más experimentados. Este año corre con la camiseta de Miguel Torres, lateral suplente del Madrid y admirado adonis de gays y veinteañeras. Parece que el jugador le regaló la camiseta para que saliera zumbando con ella y él devuelve el favor sprintando cuando la tele se recrea en la entrada antes del callejón.

Tanta dádiva puede incitar a redoblar el peligro. El corredor se nota en la obligación de lucir camisola en prime time, pasearla entre los pitones cogiendo toro. El futbolista estará contento, a eso de las ocho, cuando prende la tele y sale su coleguilla (en honor a una presunta amistad) entre las cheiras de un Jandilla. Abogo por la integridad de los Sanfermines y que cada uno se viste con el reclamo que le dé la gana. Que la devoción o las deudas en el vestir no acaben hechas jirones o en ese ataúd en pretemporada que tiene las letras al revés. AICNALUBMA.

viernes, 3 de julio de 2009

Camisetas... de otra galaxia

Por Halftown
En estas calurosas noches de verano, una vez exprimida la última gota de la temporada 2008/2009 con el torneo de la galleta que montó la FIFA en Sudáfrica, nos quedan básicamente dos consuelos a los aficionados futboleros. Por una parte, están los fichajes, con la mayoría de equipos pegándose por jugadores en paro, promesas de YouTube o retales de última hora. Caso aparte es el del tito Floren, que contrata jugadores como cuando lo hacíamos en el PCFútbol años ha, en función de la nota media de cada futbolista.

Por otro lado está un tema mucho más interesante, que es el que hoy nos ocupa: los nuevos diseños de las camisetas para la temporada entrante. Precisamente cuando el PCFútbol daba sus primeros pasos, los equipos conservaban los mismos diseños de camiseta varias temporadas, y marcas hoy tan marcianas como Meyba o Hummel vestían a los más grandes.

De un tiempo a esta parte, en cambio, el marketing deportivo se ha dado cuenta de que había un filón en la venta de camisetas, y de esa manera, cada verano se renueva el stock con nuevos diseños basados por lo general en mínimas variaciones sobre el mismo tema.

Igual que en la categoría de fichajes, el premio de este verano en el apartado camisetas se lo llevan, si nadie lo remedia, las glorias deportivas que campean por España. La Galaxia Madridista 2.0 va a lucir un modelito de Adidas totalmente carente de originalidad: el molde es exactamente el mismo que lucirá la tercera equipación del Liverpool, por poner un ejemplo.

Por lo visto, el nuevo diseño es totalmente distinto de la de la pasada temporada. Para empezar, por incluir dos rayas amarillas, color que jamás ha sido propio del Madrid. Por otro, el cuello: adiós al cuello polo, y hola al cuello redondo. La web del club no podría explicarlo más claramente: “Por otra parte, la camiseta incluye un ribete amarillo, así como el cuello redondo al más puro estilo retro, como homenaje a la camiseta que vestía Don Alfredo Di Stéfano, el mejor jugador madridista de todos los tiempos.”.

Lo curioso es que, rebuscando en otra sección de la misma web, encontramos a Don Alfredo comentando que la nueva camiseta "Me encanta. La diferencia con la que yo vestía es abismal". O en otras palabras, el supuesto homenaje a la camiseta madridista de los 50 y los 60 se parece a ella como un huevo a una castaña.

Pero la cosa prosigue con una prosa que ya la quisiera para sí el mismísimo Vargas Llosa: “La nueva camiseta del Real Madrid ha sido diseñada para ganar. Para ganar en velocidad, en transpiración y en confort. El secreto está en la incorporación de las innovadoras tecnologías textiles de Adidas: Flow Mapping™ (nueva generación ClimaCool®) y ForMotion™ que la dota de mayor ligereza, movilidad y transpirabilidad.”.

Creo que alguna vez he comentado en estas líneas lo difícil que puede resultar verbalizar la creatividad sin caer en la ridiculez. El caso que nos ocupa debería aparecer en el libro de Kotler.

Luz tridimensional

Y la cosa sigue con los dorsales: “Para la temporada que se nos avecina, las camisetas llevarán los nombres de los jugadores y los números en negrita con efectos especiales complejos abarcando con sinergia todo el alfabeto. Diseñado para evocar la luz tridimensional con sutileza, este tratamiento también evitará la piratería. Cada letra y número llevará una marca de seguridad encubierta. Los nombres y los números son transfers aplicados con equipos calibrados de fusión de calor. Son extremadamente ligeros, tienen mucha elasticidad y son muy resistentes al agua y a las roturas”.

Es decir, cuentan una historia sobre efectos 3D para acabar diciendo que los dorsales se planchan a la tela como las rodilleras que nos compraban nuestras madres en las mercerías. Personalmente, me quedo sin duda con lo de "los efectos especiales que abarcan con sinergia todo el alfabeto". No sería capaz de decodificar el significado de la frase, pero espero que le encuentren un sitio en la Wikipedia al descubridor de sinergias alfabéticas.

Además, el Madrid muestra su inquietud sobre las copias piratas, que se pueden encontrar en cualquier mercadillo mundial a aproximadamente una décima parte del precio de la camiseta oficial.

Mi parte favorita de la nueva camiseta blanca, y espero que el lector esté de acuerdo, es el escudo del Estadio Santiago Bernabéu. En el vídeo adjunto aparece un alemán, diseñador de Adidas para más señas, que explica cómo un buen día se golpeó con la taza del váter y dio con la idea de crear un logo que sirviese de contrapeso al escudo del Madrid que va cosido a la izquierda de la camiseta. En lugar de colocar simétricamente el logo de Adidas, como haría un diseñador normal, él decidió sacarse un nuevo logo de la manga. El horror resultante de su delirio se ve en este clip de poco más de dos minutos.



Por supuesto que, como dice el slogan, vuelve la ilusión... y las sinergias alfabéticas Y es que los veranos sin ti no eran lo mismo, Florentino.

martes, 16 de junio de 2009

Los colores misteriosos de la Roja

Por Halftown
La gran novedad de la camiseta Adidas que luce la selección española en la Copa Confederaciones es la franja azul que va del cuello hasta la cintura. Cada vez que esta marca presenta una nueva versión del uniforme de la selección, me asalta la misma duda: ¿de dónde viene el insólito color azul del pantalón?

Una búsqueda en Google nos lleva a remontarnos al primer partido de la selección, en 1920, con motivo de los juegos olímpicos en Amberes, Bélgica. España jugaba con camiseta roja y pantalón blanco.


Queda la duda del uniforme que lució la selección de la España de la II República durante el Mundial de 1934 disputado en Italia. Las fotos, en blanco y negro, no ayudan a definir el color de pantalón.

Una vez finalizada la Guerra Civil, España pasó a jugar completamente de azul (en ocasiones, de nuevo con pantalón blanco), se dice que por influencia de la camisa azul mahón del uniforme de la Falange. Además, habría sido el colmo que la España de posguerra, cuna del nacional catolicismo, donde la caza al maqui era deporte nacional, vistiese de rojo.

… y las medias, negras

Unos años más tarde, ante el sinsentido de conservar el rojo en la bandera y no en la camiseta, se adoptó un uniforme con camisa roja, pantalón azul y medias negras. Pero, una vez más, ¿de dónde sale el negro de los leotardos? Hay gente que afirma que es un homenaje a la Falange, por su valiosa contribución durante la Guerra Civil.

Obviamente, el escudo iba eclipsado por un águila enorme. De esta guisa, la selección ganó la final de la Eurocopa de 1964 contra la URSS, con un Bernabéu hasta la bandera y con el Caudillo saludando en el palco.

Con la caída de la dictadura, se cambió el escudo de la camiseta, y se adoptó, en lugar del logotipo de la federación, como hacen el resto de selecciones nacionales, el escudo que aparece en la bandera española constitucional y monárquica.

Parece que el azul se respetó precisamente porque es el color de los Borbones. La cosa podía haber sido peor: los holandeses –bandera a franjas horizontales roja/blanca/azul- van de naranja en honor a la casa de Orange y los italianos visten de azzurro por culpa de los Saboya, que para colmo llevan décadas sin mando en plaza.

Las medias negras se mantuvieron en el equipo nacional hasta el Mundial de Estados Unidos en 1994, cuando pasaron a ser azul marino, todavía más oscuras que el pantalón.

Ahora Adidas se nos descuelga con una franja azul, y yo no puedo evitar acordarme de la foto de Su Majestad que tienen colgada en los edificios oficiales.

Y a todo esto, ¿qué hay en contra del color gualda?

sábado, 30 de mayo de 2009

Saya blanca busca serigrafía

Por Halftown
Todos los equipos de la primera división española tienen un patrocinador. Entre patrocinios institucionales oficiales (Andalucía en el Betis) o extraoficiales (TV3 en el Barça, Aeroport de Castelló en el Villarreal), empresas implantadas en la zona (Petronor en Bilbao) o alguna que otra casa de apuesta online, no hay camiseta sin una marca serigrafiada en el pecho. ¿Todos? No. Un solo equipo no ha conseguido fondos por estampar un logotipo sobre su casaca: el Rácing de Santander.

Habla La fuente de Cacho, el himno extraoficial del equipo cántabro, de una muchacha que sube por la alameda, luciendo la saya blanca y el pañueluco de seda. Parece que la saya, una prenda típica de la Vega de Pas, ya no es lo único blanco que se lleva en Cantabria. Más aún: haciendo una búsqueda rápida, FNF no ha conseguido encontrar ningún club de las cinco principales ligas que no tenga al menos un patrocinador. En la liga francesa o en la alemana no es raro encontrar equipos que parecen un fórmula uno, llenos de pegatinas por todas partes.
Según el último estudio anual de Sport+Markt, la liga española no es, sorprendentemente, una de las mayores en cuanto a ingresos por patrocinio de las camisetas. Es más, medio millón de euros por debajo de la Ligue 1 francesa, el campeonato español es el que menos ingresa por ese concepto del top 5 de ligas europeas.
De ayer a hoy

Hace exactamente un año, el Racing entrenado por Marcelino García Toral se clasificaba por primera vez en sus 96 años de historia para disputar la Copa de la UEFA. En su plantilla, un medio centro internacional por Argentina, un central fichado por el Madrid para sustituir a Cannavaro, y hasta una estrella mediática polaca. La afición, exportaba su Fuente de Cacho, estilo Anfield Road, allá donde fuese. Y estampados en la camiseta verdiblanca no uno, sino dos logotipos.
Un año después, el Racing ha vuelto a instalarse en la zona gris de la tabla, y la cosa no ha ido a mayores gracias a un remiendo invernal llamado Nikola Zigic, que ha enchufado la friolera de 12 goles en 18 partidos. Marcelino se marchó, y su sustituto fue el antiguo mediocre defensa Juan Ramón López Muñiz. El central fichado por el Madrid, que continuó a préstamo en Santander, ha hecho una temporada al nivel de Cannavaro. La afición, 19.000 socios sobre 22.000 asientos, sigue ahí, pero ha convertido el Muñiz vete ya en el nuevo hit de El Sardinero. Y de los patrocinadores, ni rastro: Norquimia decidió no renovar el compromiso ante la incertidumbre de la economía y de conservas Lolín (dicho sea de paso, las mejores anchoas de España) no se tienen noticias.

De esta manera, el Racing de Santander ha pasado la única temporada en la que se ha paseado por Europa –visita al parisino Parque de los Príncipes incluida- con la camiseta en blanco.
El argumento del presidente Pernía -por otra parte, el único del fútbol español que no sabe de fútbol y lo reconoce públicamente- es que más vale dejar la camiseta virgen, que malvenderla. Sin entrar a valorar las ofertas que haya recibido, que por otra parte no las ha hecho públicas, suena cuando menos sospechoso que los otros diecinueve equipos de primera hayan recibido ofertas satisfactorias, y el Racing de Santander, no.

Parece que en la temporada que viene, con la crisis tomando café con Astiazarán en la sede de la LFP, buena parte de los patrocinios se irán a pique, y los uniformes de los equipos volverán a parecerse a los del Subbuteo. Así por lo menos Pernía no necesitará buscar una excusa si no encuentra quien le adorne la camiseta.

miércoles, 8 de abril de 2009

Unidos por un puñado de dólares

Por Halftown
A principios de 2006, el multimillonario americano Malcom Glazer se hacía con el control del Manchester United. Pocos meses después, mientras un grupo de fans contrariados con su llegada creaban el FC United de Manchester, Glazer firmaba el mayor acuerdo de patrocinio de un club de fútbol en toda la historia: 56 millones de libras (el equivalente entonces a 98 millones de euros) por estampar en las camisetas rojas del United durante cuatro años un logo simplón, compuesto por tres mayúsculas blancas con tipografía serif: AIG.

17 ligas, 11 FA cups, 11 Charity Shields, 3 copas de la liga, 3 copas de Europa, una Recopa, una supercopa y una intercontinental. Cuatro balones de oro llamados Dennis Law, Bobby Charlton, George Best y Cristiano Ronaldo. Un estadio centenario que cada sábado vende todas y cada una de sus 76.000 butacas. 75 millones de aficionados en todo el mundo y un estudio de Brand Finance que en 2005 estimó el valor de su marca en 197 millones de libras. El ManU es una potencia deportiva planetaria.

Sin embargo, cuando está a punto de cumplirse el tercer aniversario del histórico acuerdo de patrocinio, el American International Group, Inc. se ha convertido en el estandarte de la marejada financiera que atraviesa el mundo. El AIG de 2009 se mantiene a flote gracias al dinero inyectado por el gobierno norteamericano.

Para detener la hemorragia de la sociedad, una de las primeras medidas que se reclaman desde el otro lado del Atlántico es dar carpetazo al patrocinio del United. Algunas fuentes hablan de un acuerdo de indemnización de 28 millones de dólares a cambio de concluir la vinculación un año antes de lo inicialmente previsto, en junio de 2009.

La empresa tramposa

A primera vista, parece un buen negocio para el ManU. Y, sin embargo, la pregunta aquí es ¿cuál es el precio de la camiseta de los red devils aquí y ahora? A falta de tres meses para el final de la temporada, el Manchester United va en cabeza de la Premier League más emocionante de los últimos años, con su eterno rival, el Liverpool, a tan sólo un punto. Además, está en semifinales de la FA Cup y parece tener garantizado el pase a semifinales de la Champions League.

En el mejor de los casos, el campeonato inglés podría decidirse en el último partido, y el United podría plantarse en dos finales, una de las cuales es la competición de clubes de fútbol más importante del mundo. Millones de personas pendientes de los chicos de Ferguson. Y todo ello, llevando junto a su escudo, cerca del corazón, el logotipo de una empresa tramposa.

¿Cuánto daño puede hacer a la imagen del Manchester United el seguirse asociando a la fraudulenta AIG? Sólo en EE. UU., un mercado en el que los ingleses han mostrado interés a tenor de sus giras promocionales en las últimas temporadas, el impacto está ya siendo enorme. Si los cuatro millones de fans que el United dice tener en los Estados Unidos comprasen la camiseta oficial Nike (PVP 99,99 dólares), el club ingresaría una cantidad bastante superior a los 28 millones de dólares de su patrocinador actual. Sin embargo, ¿cuántos fans norteamericanos querrán llevar ahora el logo de AIG en el pecho?

El caso del United debería hacer reflexionar al resto de clubes sobre sus políticas de asociación con marcas comerciales. ¿Es el dinero el único criterio a considerar a la hora de elegir un patrocinador? Ahora ya sabemos la respuesta: el mayor contrato de patrocinio de la historia del fútbol se ha convertido en una maldición. Si dejar de ingresar 28 millones de dólares es el precio de limpiar su camiseta, el precio de su libertad, el Manchester United no debería tener dudas sobre cuál es la decisión más inteligente a tomar.

lunes, 23 de marzo de 2009

¡Es el posicionamiento, estúpido!

Por Halftown

El posicionamiento, definido por la persona que acuñó el término, el marketiniano americano Al Ries, viene siendo la percepción de una marca que tienen los consumidores. Es un factor extrínseco a ella; independiente de cómo se vea a sí misma, y se determina por todas las acciones –y toda acción comunica- que suceden en torno a ella.

Mayo de 2002, estadio de Hampden Park, en Glasgow. Zinedine Zidane engancha un balón a media altura con la zurda y lo coloca en la escuadra del Leverkusen. El Real Madrid levanta su novena Copa de Europa en 100 años de existencia.

En el palco, el arquitecto de este Real Madrid estelar, cuyo galáctico epíteto él mismo ha fomentado en los medios de comunicación, sonríe satisfecho. El Real Madrid no es sólo el número uno a nivel deportivo, sino también –y a los ojos de Pérez, todavía más importante- es el líder mundial en cuanto a marketing futbolístico se refiere.

Pronto surge entre la gente, de la misma manera anónima en que nacen las leyendas, la noción de que nos encontramos ante el mejor club de la historia.

Avanzamos a cámara rápida hasta enero de 2009. Ninguno de los galácticos viste ya la camiseta blanca. Florentino Pérez no es presidente del Real Madrid. Dimitió tres años atrás, cuando descubrió que los éxitos mercantiles necesitan ir necesariamente acompañados de triunfos deportivos.

El Real Madrid, después de tres años de sequía, ha levantado dos ligas de manera consecutiva. Sin embargo, a no es suficiente: lleva cinco temporadas siendo eliminado en octavos de final de la Liga de Campeones. Los aficionados no están contentos con el equipo. El título de liga se convierte así en un medio para alcanzar el fin de la gloria europea.

Ni los eslóganes

Ya no quedan ni los eslóganes: el Real Madrid no es el mejor club del siglo XXI. El Manchester United le aventaja en lo deportivo. Según la consultora Deloitte, el Madrid ingresa todavía 32 millones de libras más que el United gracias al márketing, pero su crecimiento en el último año es del 4%, frente a un 21% de los ingleses.
Incluso se ha producido lo impensable durante el Florentinato: las estrellas –Kakà, Villa, Cristiano Ronaldo- le han dicho no al Madrid.

Ya no hay lustre ni glamour, ni estrellas que vendan camisetas o justifiquen el precio de una entrada. Ninguno de sus jugadores aparecería en la portada de Sports Illustrated... o de Vogue.
La FIFA decretó que el Real Madrid es el mejor club del siglo XX. Nada menos... y nada más. Porque la condecoración, que en su momento fue un orgullo, empieza a convertirse en una losa, en la cruz sobre el escudo de un club démodé, has been.

A primera vista, el matiz entre el mejor club del siglo XX y el mejor club de la historia puede parecer irrelevante, pero les diferencia lo mismo que separa el pretérito indefinido del pretérito perfecto simple: la continuidad en el tiempo.

Lo curioso –e interesante-- del caso es que esa cuesta abajo coincide con un periodo en el que el Real Madrid ha seguido ganando títulos domésticos y llenando el estadio cada domingo.
El enigma tiene respuesta: el Madrid tiene un problema de comunicación. Concretamente, de posicionamiento.

Placentera decadencia

Esa sensación de placentera decadencia que parece rodear al club, en el que da la impresión de que pesan más las fotografías de la sala de trofeos que las camisetas del vestuario, está arrastrando la percepción que el aficionado tiene del Real Madrid a la condición de reliquia del pasado. O, lo que es lo mismo, los niños prefieren engominarse como Cristiano Ronaldo, comprarse las Nike rosas de Ribéry o –glups- ir al colegio con una camiseta blaugrana con el diez de Leo Messi a la espalda.

Independientemente de los esfuerzos que se hagan desde el departamento de comunicación del club, la realidad de un club deportivo es que su nivel de éxito se mide sobre el terreno de juego. Tan sencillo y a la vez tan complicado.

Por ese motivo, la única manera que tiene el Real Madrid de salir de su condición actual es crear un proyecto ganador. Y para ello, nada más conveniente que torpedear a su rival más directo, el Manchester United, llevándose a su mayor estrella. Eso sería una declaración de intenciones a escala planetaria.

La aportación de Cristiano al juego del Madrid es debatible: ponerlo de mediapunta, dejarlo a su aire, o encajarlo en un 4-4-2. Sin embargo, en términos de imagen, 2+2=4.
Poco importa el modelo –el talonario del Chelsea o el verdadero "zidanes y pavones" del Barcelona-, la única manera de que el Real Madrid vuelva a elevar su posicionamiento al de mejor club de la historia es mediante una inversión dirigida a reconquistar, en un máximo de tres años, la competición de clubes de fútbol más importante del planeta.