Por Lola DirceuVuela el cohete a las ocho en punto. Suena obertura de cencerros. Doce cuchillos viajan a lomos de locomotoras de 500 kilos. Primera estación; Santo Domingo. En frenética carrera,
tiran navajazos que buscan sangre de kalimotxo y también anatomías obedientes que se han acostado a su hora. Uno de cada 60 mozos terminará magullado; uno de cada 700 escuchará la música del ambulancia; sólo uno de cada 2.800 sentirá dentro el fuego del pitón.
Año tras año, la realización de la tele se afana en los ángulos que mejor detallen el peligro y el drama de los sanfermines. Cornamentas, cornadas, curvas, carreras, caídas, callejones, cataclismos, catafalcos de corredores... Un recorrido, cual caligrama, que se alitera en la c, que se afila como una cimitarra. Ostiones en curva en Mercaderes. Morlacos y mozos se incorporan, a duras penas, para enfilar el hectómetro de Estafeta. Se abren huecos, carreras limpias. La tele barre en panorámica.
Entre la turbamulta, ya empiezan a destacar camisetas. La hay blancas. Las hay blancas, estampadas con vino. Pero las que fijan la atención son las de fútbol.
La vista se marcha, indefectiblemente, a las evoluciones de un menda que lleva la tercera equipación (verde, gris) del Barça;
al pibe de Osasuna cuando tenía la publi de Rosado de Navarra, al tipo del Atleti el año que promocionaba pelis de Cerezo; a un par de dameros de la Selección croata; al atuendo de la Real Sociedad que anunció Kraft; al colega del Betis vestido por Kappa, al menda con la del Valladolid con publi de Helios, a tipos del Oporto, de River, de la Selección argentina, de Holanda, cómo no seguir con las pupilas una espantosa rojigualda con mangas azules del Valencia, con la serigrafía de Terra Mitica... Ni Franco hubiera aunado mejor la España de balompié y toros. También se perciben muchas camisetas de la Liga municipal de turno, patrocinadas por Agencia de Viajes La Trotamundos, Café Bar Hermanos Núñez o Dimas: chapa y pintura. Con todos ellos yo montaría un gol regañao cuando el encierro se acaba. El que pierde paga, y en San Fermín tiene que salir por un pico.
Muchos son los que en la patria chica de Hemingway se quieren hacer notar en ralentizados
frames. Como el pamplonica
Juan Pedro Lecuona uno de los mozos más experimentados. Este año corre con la camiseta de Miguel Torres, lateral suplente del Madrid y admirado adonis de gays y veinteañeras. Parece que el jugador le regaló la camiseta para que saliera zumbando con ella y él devuelve el favor sprintando cuando la tele se recrea en la entrada antes del callejón.
Tanta dádiva puede incitar a redoblar el peligro. El corredor se nota en la obligación de
lucir camisola en prime time, pasearla entre los pitones cogiendo toro. El futbolista estará contento, a eso de las ocho, cuando prende la tele y sale su coleguilla (en honor a una presunta amistad) entre las cheiras de un Jandilla. Abogo por la integridad de los Sanfermines y que cada uno se viste con el reclamo que le dé la gana. Que la devoción o las deudas en el vestir no acaben hechas jirones o en ese ataúd en pretemporada que tiene las letras al revés. AICNALUBMA.