miércoles, 28 de octubre de 2009
La emoción no entiende de dinero
Por Halftown
Heineken, el aguachirri holandés con pretensiones, lleva cinco años dejándose los cuartos en patrocinar la competición europea (yo casi diría mundial) más importante, y sin embargo pocos aficionados podrían recordar de memoria una sola de sus campañas.
Sí, todos sabemos que ponen vallas a pie de césped -donde últimamente el Enjoy responsibly sustituye a la marca-, igual que hacen Sony, Ford o Mastercard, pero entre que la marca sea reconocible y su comunicación sea memorable hay un trecho.
Durante la última jornada de Champions, sin embargo, la agencia JWT Italia se sacó de la manga una iniciativa tan novedosa como brillante: Heineken, en colaboración con la Gazzetta dello Sport, organizó un concierto de música clásica a la misma hora que el Real Madrid-Milan de Champions.
Repartió entradas entre familiares, amigos y colegas de aficionados y periodistas deportivos del AC Milan, para que les convencieran de ir al concierto en lugar de ver el fútbol. Mientras un cuarteto de cuerda va tocando, aparecen mensajes que desembocan en un "¿de verdad creías que te ibas a perder el partido?" mientras los cuatro músicos interpretan la sintonía de la Liga de Campeones ante la euforia general de los presentes.
Luego, Heineken simplemente firma con su nuevo slogan "Are you still with us?" y consigue un impacto emocional altísimo, -más el consiguiente efecto viral- por la milésima parte de lo que se gasta en patrocinio tradicional.
La cosa además acabó en victoria rossonera en el '92, así que la jugada no le pudo salir mejor a la cervecera holandesa. Bravissimo Heineken. Tweet
jueves, 1 de octubre de 2009
La Roja se pone colorada
Las novedades, pocas: las tres rayas, ahora en discontinuo (será para que quepan bien los parches del Mundial, la FIFA, el Fair Play y Madrid 2020), el rojo colorado que vuelve y, sobre todo, ese color azul eléctrico -conocido por todos como azul pitufo- y que parece inspirada en algún diseño nerd para la Unión Española de Chile.
¿Fallido globo sonda de Adidas o piscinazo de As? Cuando el 14 de noviembre se presente el nuevo modelo oficialmente, a alguno se le va a poner la cara del color de la camiseta.
miércoles, 23 de septiembre de 2009
El esperpento Mundial
Por HalftownEl pasado día 9, el nuevo estadio de Wembley vivió la primera gran revancha de su corta historia. Jugaban los pross contra Croacia, el equipo que, casi dos años atrás, les había ganado 2-3 para dejarles fuera de la Euro 2008. Poco tenía que ver esa Inglaterra con la que jugó dos años antes: sólo Gerrard, Barry y Lampard repitieron en el once titular. Aunque posiblemente el mayor contraste estaba en el banquillo, con Capello ocupando el sitio del considerado por muchos peor seleccionador inglés de la historia, Steve McLaren, quien de hecho sería despedido horas después de la victoria croata.
La clasificación para Sudáfrica ha supuesto un subidón moral para los ingleses: se prevé que 1.000 millones de libras serán inyectados a la economía del país entre ventas de teles planas, fish & chips y pintas de cerveza. Pubs, supermercados, compañías eléctricas, agencias de viajes, Umbro… England’s living a celebration desde hace quince días.
La audiencia esperada para cada partido de los chicos de Capello es de 17 millones de espectadores. Medios de comunicación y anunciantes –que invirtieron 300 millones de libras durante el Mundial de 2006- se dan palmaditas en la espalda. Lo mismo debe estar haciendo el amigo Fabio, que se ha embolsado un cheque de cinco millones de libras por los servicios prestados. Y, por supuesto, Lord David Triesman, presidente de la Federación Inglesa, cuyo nuevo estadio le obliga a pagar 930 millones de libras -millón arriba, millón abajo- en los próximos quince años.
Aunque los que de verdad parecen necesitar un milagro son los sudafricanos, que atraviesan su primera recesión de los últimos 17 años y a los que, según anunció la semana pasada su ministro de finanzas en el parlamento nacional, les faltan unos 2.300 millones de rand (unos 200 millones de euros) para dejar alicatados los estadios donde se jugará la Copa del Mundo. Normal, cuando problemas de todo tipo, desde huelgas hasta decisiones de última hora, han multiplicado el coste de algunos estadios por cuatro. De hecho, sólo uno de los cinco nuevos estadios construidos, estaba en el proyecto original aprobado por la FIFA. Nadie sabe cómo se van a financiar cuando el fútbol se haya ido, y sólo quede algún que otro evento ocasional para pagar las facturas.
Faltan 9.000 camas
Pero los estadios no son el único problema que tienen los organizadores del sarao sudafricano. El alojamiento –y más ahora que la presencia de los hooligans ingleses está garantizada- les trae de cabeza. A día de hoy, Sudáfrica tiene un déficit de 9.000 camas para los más de medio millón de visitantes que se esperan. Tanto es así, que se está planteando seriamente alojar a los aficionados en otros países de la zona, como Zimbabwe o Isla Mauricio (17 horas de vuelo ida y vuelta). La opción de dormir en tiendas de campaña ha quedado oficialmente descartada por las autoridades, ya que el campeonato tendrá lugar en pleno invierno sudafricano, con temperaturas bajo cero durante la noche.
Los hooligans, por cierto, ya se pueden andar con ojo, ya que el nuevo comisario de policía del país, que responde al nombre de Bheki Cele, ha anunciado que la policía tirará a matar contra los criminales, “si es necesario”. A todo esto Sudáfrica, aunque Blatter no diga ni mu, tiene una de las tasas más altas de criminalidad del mundo, con 50 asesinatos diarios. La pregunta es quién será el primer inglés borracho (y valiente) que tirará una silla a la policía.Queda, por último, el tema de los locales. Para el España-EE. UU. de la pasada Copa de Confederaciones, los asientos más baratos costaban 17 dólares, una pequeña fortuna para un país en el que el 43% de su población vive con menos de dos dólares al día. Aunque probablemente no les importe verlo por la tele, o incluso no verlo; al fin y al cabo, el fútbol sólo es el tercer deporte en Sudáfrica.
Y, mientras tanto, nuestro Villar patrio prepara candidatura conjunta con Portugal para el Mundial de 2018. Un nuevo sainete patrocinado por la FIFA, próximamente en FNF.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Cien años de perdón para Rooney
Durante el Anderlecht-Standard de la última jornada de la liga belga, el defensa polaco Marcin Wasilewski se lanzó al suelo para despejar un balón dividido, y el belga Witsel le dejó los tacos huecograbados sobre la pierna. Resultado: fractura abierta de tibia y peroné, las imágenes en portada de los principales medios belgas y millones de visitas en YouTube.
Al conocerse la sanción establecida para Witsel, de dos meses y medio sin jugar, se ha reabierto el eterno debate acerca del castigo que merece el infractor. Lo más lógico parece que Witsel pasase tanto tiempo en la nevera como Wasilewski tarde en volver a jugar. Aunque también es cierto que, por esa regla de tres, Figo habría acabado su carrera mucho antes, el día que lesionó al defensa del Zaragoza César Jiménez, allá en enero de 2005.
Y qué decir de los responsables de las lesiones de Luc Nilis, Djibril Cissé, Juninho Paulista o Eduardo da Silva. Todos los años el fútbol nos deja alguna imagen de una lesión escalofriante: una rodilla doblada noventa grados hacia adelante, un tobillo del que cuelga a duras penas una bota negra, el hueso astillado de un peroné que atraviesa una media, e invariablemente, un jugador retorciéndose de dolor sobre el césped.
Piscinazos y piscinazos
Precisamente el delantero del Arsenal Eduardo, que el año pasado se lo pasó en blanco después de que el defensa del Birmingham Taylor le destrozase la pierna izquierda, ha sido el protagonista de una de las historias bizarras de la semana. La UEFA, en su arbitrariedad infinita, le ha sancionado con dos partidos por un piscinazo en el Arsenal-Celtic de la previa, que de hecho el árbitro marcó como penalti y que acabó en gol del mismo delantero croata.
Unos días más tarde, el mismo Arsenal de Eduardo se enfrentaba al United en Old Trafford. Las cosas iban bien para los chicos de Wenger, ganaban 0-1 en el minuto 59, cuando un pase en profundidad en el área de Almunia acaba con Rooney dejándose caer y el árbitro marcando el correspondiente penalty. Parece que se confirma el adagio de que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón, porque no ha habido sanción alguna para Rooney. Y para colmo es reincidente: hace unos años ya había fingido con éxito contra los gunners (ambos piscinazos están disponibles al buscar “rooney arsenal penalty” en YouTube).
Desaparecidos del mapa Tévez y Cristiano, da la sensación de que Wayne se va a pasar el año a lo Juan Palomo. No es el jugador más rápido del equipo, no va especialmente bien por arriba y tampoco tiene un gran regate, y sin embargo ahí sigue, año tras año tirando del carro. Se ha convertido en el jugador franquicia inglés, titular indiscutible en el mediocre equipo nacional, se afeita la cabeza en la penúltima campaña de Nike e incluso lleva cinco años consecutivos en la portada de la versión británica del FIFA. Quizá sea por eso que los árbitros cada día son más condescendientes con él.
Un momento, ¿esta historia no la hemos vivido antes en España?
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jueves, 20 de agosto de 2009
Carlsberg y Liverpool, probablemente
La revista Wired habla este mes de un estudio que demuestra que, cuando los hinchas del equipo local protestan, el árbitro tiene un 15,5% más de probabilidades de pitar a su favor. Quizás ese porcentaje es el que ha contribuido, por ejemplo, la parroquia de San Mamés a las salvaciones in extremis del Athletic estos últimos años.
O a lo mejor es la diferencia que ha convertido al Liverpool, con una plantilla sensiblemente inferior a United y Chelsea, en aspirante a la Premier League.
Hablando del Liverpool, desde principios de mes se está rumoreando que podría poner fin a su acuerdo de patrocinio con Carlsberg al final de la temporada. Sería el fin a diecisiete años de relación de la marca danesa con los reds, quizás la más larga entre los grandes clubs europeos.
Personalmente, he crecido viendo el logo de Carlsberg impreso en la camiseta roja, como también asocio inmediatamente a Sharp con la camiseta Umbro del ManU, BNAmro con el Ajax o JVC con el Arsenal. El Liverpool, por cierto, fue el primer club inglés profesional en llevar publicidad en la camiseta, cuando anunció Hitachi en 1979.
Volviendo al tema de la cerveza, supongo que a estas alturas daneses y scousers estarán haciendo cábalas para decidir si les compensa prolongar el contrato o no.
Desde el lado de Carlsberg, la marca tiene un slogan muy claro desde hace unos años: "posiblemente, la mejor cerveza del mundo" (nota aparte: atención al matiz en la traducción al castellano, ya que en inglés afirman con un puntito más de autoestima "probably the best beer in the World").
En plan somos una cerveza global y buena, pero a la vez desenfadada y buenrrollista. En ese sentido, parece que sus valores pegan con los del Liverpool, un equipo grande pero a la vez familiar, campeón pero no pretencioso, que se distingue por tener posiblemente el himno más popular del fútbol mundial.
Otra ventaja añadida para la marca es que el Liverpool garantiza exposición continuada hasta los cuartos o semifinales de la Champions, competición patrocinada por su rival Heineken quien, encima de dejarse una pasta en el evento, a veces no puede más q
ue hacer vallas que dicen “Enjoy responsibly”.
Desde las oficinas de Anfield supongo que se ven las cosas de otra manera. Lo primero que habrán hecho será ver qué es lo que cobran el resto de clubs de su nivel… y se habrán dado cuenta de que sus 7,2 millones de libras van por detrás de los más grandes (Aon le paga al United 20 millones de libras al año, T-Home 20 millones de euros al Bayern, el Tamoil de Gadafi 18 millones a la Juve, BWin 15 al Madrid y Samsung 11 millones de libras al Chelsea), pero por delante de, por ejemplo, los 6,7 millones de libras que afloja Emirates al Arsenal.
Sin embargo, con pocos argumentos en forma de títulos encima de la mesa, parece complicado que los Reds puedan aspirar a ganar más dinero por estampar el logo de la cervecera danesa en su camiseta.
Más aún en los tiempos de crisis que corren –pocos logos de coches se verán en las camisetas de la nueva temporada-, posiblemente lo más inteligente para ambos sería extender su contrato otros dos años a la espera de que pase el diluvio. A Carlsberg le sirve para mantener su notoriedad de marca sin tener que aumentar la inversión, y al Liverpool para pagar los 6,6 millones de euros por temporada que le ha prometido a Fernando Torres hasta 2013.
lunes, 10 de agosto de 2009
Historia de una foto
Por Karina Sainz BorgoSeis seminaristas juegan fútbol. Vistos en conjunto, parecen árboles. Sus sotanas reverberan, se comportan como enormes manchones oscuros en la placa del mediodía. La expresión de sus rostros es imprecisa y borra sus edades.
Se detienen alrededor de ese balón congelado que está a punto de atravesar la portería del Seminario Conciliar de Madrid. Un joven ministro del señor convertido en portero trata de detenerlo. Se estira en el aire. Permanece suspendido, como un milagro extravagante. Su salto habla un idioma. Hay entrega en su actitud, una verdadera acrobacia.
El Señor y los garbanzos despertaban la vocación hasta en las raíces de los árboles. En el extremo de la cancha, otro seminarista camina resignado hacia la izquierda. Justo a su lado, el cura goleador observa de pie la trayectoria de su disparo. Todos miran el cielo, no por beatos, sino porque algo parece haberles pillado desprevenidos.
martes, 4 de agosto de 2009
Las camisetas que sí vende Florentino

Por John Wyatt
Bangkok (Tailandia)
Para rentabilizar el fichaje de Cristiano Ronaldo Florentino debe vender equipaciones a la mitad del planeta Tierra. Teniendo en cuenta de que sólo con China, Vietnam, Tailandia, La India, Birmania, Laos y Camboya ya se acerca al 50% de la población mundial, está bien que Floren insista en conquistar el mercado asiático. El problema es que, salvo en Japón, donde tienen más dinero y son más sibaritas, en el resto de países se venden camisetas de Cristiano, sí, a cascoporro, pero más falsas que judas. FNF lo ha comprobado en uno de esos puntos de venta de falsificaciones.
Finales de julio, mercado nocturno de Patpong, en el centro de Bangkok. A ambos lados de la calle, cientos de prostitutas jóvenes –uno no sabría diferenciar aquí a una chica de un travesti, ojo– esperan a sus clientes occidentales en la puerta de locales de mala reputación con una más que sobada barra americana y house de garrafón. Una legión de tailandeses ofrece al turista masajes con final feliz, un tuktuk para volver al hotel o asistir al espectáculo más célebre del barrio rojo de la capital tailandesa: el ping pong show. No asistí a ninguno, pero me hago una idea aproximada de lo que es. Y vosotros también.
El caso es que el epicentro del terremoto no es ese torrente de sexo de pago en sus más diversas formas, si no los puestos de falsificaciones. En Tailandia, como en China o en Birmania no es que haya un mercado de falsificaciones y los demás sean de productos ‘oficiales’. Es que todo lo que se compra y se vende son imitaciones más o menos logradas.
¿El truco? Muy sencillo: para abaratar costes, las grandes marcas fabrican en estos
países. Las mismas fábricas que te hacen un bolso de Prada con destino Quinta Avenida de Nueva York te hacen la imitación porque conocen los materiales y los patrones originales. Clonan los logos, los acabados, todo. Menos el precio.
La estrella de aquel mercado y de todos los mercados de Asia es, sin duda, la camiseta blanca de Cristiano Ronaldo con el nueve a la espalda. Lo era en Patpong, en Chiang Mai, en Chiang Rai, en Chatuchang... ¿Su precio? Sin regatear, cinco euros. Regateando, vi vender alguna a 1,5 euros al cambio.
El material, los logos, las bandas laterales... no es imitación de la de Adidas, es otro original obtenido en la misma fábrica (o la de al lado) elegida por la casa de las tres bandas. El real Madrid asegura que vende 15 camisetas de Cristiano por minuto. Pero en todos aquellos tenderetes de falsificaciones, el ritmo de venta era más alto que en la esquina del Bernabéu.
El drama de Florentino es que el mercado asiático sí compra, a millones, camisetas de Cristiano, de Kaká y del resto de fichajes, pero ni la marca ni el Madrid ven un duro.
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