lunes, 7 de marzo de 2011

Una de duros: Petrelli el pistolero

Por Rocheteau
Los duros han vuelto a ponerse de moda. Ha bastado un codazo de David Navarro, unas cuántas lágrimas de Fernando Llorente (si fuese escocés le habrían prohibido representar al país o algo así tras la llorera con De la Morena) y una entrada bastarda de Carragher, bañada en la supervivencia obrera de Bootle [ese apéndice de Liverpool donde lo máximo a lo que se puede llegar es a currela de astillero. Por debajo no hay límite…] para que el fútbol vuelva a saber a linimento y hostias. No a camisetas prietas, gomina de yuppie (pasadísima de moda, by the way) y el “espejito, espejito…”

Y eso que los duros de ahora son unas filfas al lado de los de verdad. La lista de villanos es interminable, pero hay uno que de verdad merece la pena traer del olvido. Si fuésemos previsibles como un blog de éxito, os hablaríamos de Goicoetxea, o de Souness o incluso de Gattuso. Al lado de acémilas senmejantes, nosotros preferimos quedarnos con Petrelli.

La lista de piernas rotas del lateral derecho de la Lazio del 74 no es lo importante. Él solía preferir métodos más expeditivos. Para los que no conozcan aquel equipo comandado por Chinaglia, se trataba de un grupo de perros rabiosos, mitad granujas armados y mitad fascistas de tomo y lomo. O sea, también armados. Pero Petrelli era quien la tenía más larga. Tanto como una Mágnum 44. El mismo argumento que Harry el sucio.

Cuenta EL MUNDO este fin de semana que Petrelli solía desmontar y montar el tambor de su Mágnum 44 antes de dormir como método de relajación. Butragueño hacía yoga, y es indemostrable que lo uno calme más que lo otro. Para gustos… total, que en una concentración, la limpiadora del hotel advirtió impávida, una mañana, la lámpara del techo hecha añicos y un impacto de bala en el techo. El lateral explicó con parsimonia estaba tan cansado que prefirió apagar la luz de un modo más rápido y menos costoso que levantarse a apretar el interruptor.

Por cosas como ésa le llamaban El Pedro entre los tifosi de la Lazio. El apodo les sonaba a pistolero mexicano, quizás. Chinaglia, líder de aquel equipo, explicó que en las concentraciones, hartos de aburrimiento y como (gracias a Dios) nadie había inventado las consolas para autistas, los amigos de la Lazio, a la postre campeones, preferían apuntar su puntería y nadie ha hablado de porterías. Disparaban a botes y siluetas humanas, cada uno con su arma.

En su primer año como campeones de Italia (1973-74), los aficionados de la Roma, pobres ilusos, decidieron acudir al hotel donde pernoctaban los laziales para joderles la noche y no dejarles dormir. Un error de cálculo con tipos como Petrelli, que sacó su cañón por la ventana y convenció a los romanistas, en un periquete y unas cuantas balas menos, de volverse por donde habían venido. No hubo heridos.

No les tenía mucho cariño a los aficionados de la Roma, equipo que le dejó ir en 1972, tras numerosas broncas con Helenio Herrera, que tenía su propia idea del orden. No tan política como la de Petrelli, pero parecida en cuanto a los métodos. Luego brilló. Férreo en defensa, se desplegaba muy bien en ataque, siempre disciplinado (sólo faltaba).

Petrelli tuvo su punto ilegal desde sus comienzos, cuando, con 14 años, entregaba la licencia federativa de su hermano, dos años mayor, para poder jugar en primera categoría. Futbolísticamente no da mucho más que contar. El tipo jugó en equipos de pelo medio antes y después de su paso por los fachas más conocidos de la historia del fútbol. Terminó su carrera en un equipo llamado L’Áquila (el águila). Con toda lógica.

jueves, 24 de febrero de 2011

La CONCACAF tiene las bolas calientes

Por snedecor
Había una vez un señor muy corrupto que dirigía una confederación de fútbol desde hacía muchos años, lo cual tampoco es ninguna novedad. Este señor, de nombre Jack Warner y nacido en Trinidad y Tobago, se ha aprovechado de su puesto para, entre otras muchas cosas, conseguir paquetes de entradas para el Mundial de Alemania y, en un alarde de generosidad, cedérselas a su familia (propietaria de una agencia de viajes) para que obtuviera con su reventa unas ganancias estimadas cercanas al millón de dólares. Minucias para la FIFA, que pasó casi de puntillas sobre el asunto Warner mientras se cargaba de todos sus estamentos al Villar de Botswana porque reconoció haber revendido 12 miserables entradas para ese mismo Mundial. Siempre ha habido clases. Encantado de conocerse, hay incluso quien dice que Warner repitió la jugada en 2010. Pero en fin, la próxima semana hablaremos del gobierno.

El caso es que este ambicioso caballero trabaja duro para elevar el nivel del fútbol de su zona, tanto deportiva como (sobre todo) económicamente. Y para eso nada mejor que copiar el exitoso sistema que lleva años funcionando en Europa: la Champions League. Durante años, la Copa de Campeones de la CONCACAF se disputó, aunque con distintos formatos, casi como un torneo invitacional que dejaba campeones procedentes de las principales potencias de la región: México, Costa Rica, Honduras y, en tiempos más pretéritos, Haití o Surinam. Incluso Estados Unidos llegó a saborear dos veces la gloria a finales del siglo pasado, gracias al impulso de la MLS. Pero la lógica económica acababa por imponerse, y si hablamos de equipos ricos (y con buenos jugadores) en la CONCACAF debemos mirar casi exclusivamente a México: de 36 ediciones, 19 fueron ganadas por equipos mexicanos.

El nacimiento de la Concachampions

En 2002, en un intento por ampliar horizontes, la competición pasó a disputarse en un formato de eliminatorias directas que diera cabida a más equipos y favoreciera las sorpresas, pero México dominó incluso más que antes. En esos primeros años del siglo XXI, tan sólo los dos históricos de Costa Rica (Saprissa y Alajuelense) lograron romper la hegemonía de los aztecas, que coparon las finales de 2002, 2003, 2006 y 2007 y se llevaron también el título en 2008. Demasiada desigualdad para que el torneo creciera en prestigio y poder económico. Si siempre ganan los mismos, los demás dejan de interesarse por el producto. Y por si fuera poco, hasta los mexicanos se aburrían de ganar y comenzaban a mirar con ojos golosos a la Libertadores y al resto de competiciones sudamericanas, siempre que la Gripe A les dejara.

Así que en 2008, Warner (sin duda asesorado por Traffic, la empresa que llevó a Ronaldinho al Flamengo y que posee los derechos televisivos de la CONCACAF) cambió el sistema de competición, creando una fase de liguilla al estilo europeo antes de las eliminatorias. Una Champions League con más equipos, más partidos, más dinero… y el mismo resultado. En la primera edición de la Concachampions, tres equipos mexicanos se colaron en semifinales, y la final fue 100% azteca. Pero como bien dice la Ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar. El año pasado, los 4 equipos de México que empezaron el torneo llegaron a la penúltima ronda. Ahí la llevas, Warner.

Este año, al acabar la fase de grupos, los 4 equipos mexicanos habían vuelto a clasificarse para cuartos. Pero había una pequeña diferencia con respecto a la campaña 2009/2010, casi un detallito de nada: Cruz Azul y Toluca habían acabado segundos en sus respectivos grupos. La normativa del torneo sólo establece que en cuartos de final no pueden enfrentarse los primeros de cada grupo, pero no dice nada de enfrentamientos entre equipos de un mismo país. Y hecha la ley, hecha la trampa: casualidad o no (más bien no), las bolitas decidieron que los 4 equipos mexicanos quedaran en la misma parte del cuadro. No sólo eso: los dos equipos de la MLS también deben verse las caras en la primera eliminatoria, de manera que el último duelo enfrenta a los dos únicos clubes centroamericanos clasificados para esta ronda. Así, en semifinales habrá representantes de tres países (tres televisiones a pagar), y la final ya no interesará sólo en México. Todo tan bien repartido que es como si estuviera preparado. De hecho, según confirma @laligaennumeros la probabilidad de que se diese esa combinación era de 2 casos sobre 27 (7,4%).

En México, más concentrados en ganar terreno en los despachos de la CONMEBOL que en los tejemanejes de la CONCACAF, algo se huelen, pero tampoco se quejan demasiado: mal se tiene que dar para que el equipo que se plante en la final no vuelva a ganarla. Sólo confían en que Jack Warner no vuelva a cambiar las reglas a mitad de partido. Que a lo mejor es pasarse de pardillos.

martes, 15 de febrero de 2011

Tres recientes disparates futboleros

Por Halftown


1- La Premier retira los vídeos del gol de Rooney de YouTube

El pasado fin de semana había derbi de Manchester. En un Old Trafford hasta la bola, el líder de la Premier recibía al club que más dinero ha tirado por la borda en los últimos dos años. Partido programado a mediodía, para que los chinos no se desvelasen por ver al club de sus amores. Total, que los europeos que fueron a misa de doce, los italianos que tuvieron su propio partido y los americanos de Quebec a Ushuaia se quedaron sin verlo en directo.

La cosa no habría pasado a mayores si Wayne Rooney no hubiera decidido fabricarse el gol del año. Una chilena estratosférica que dejó helado al portero del City y a medio Manchester. Así que todos los que no estaban frente a la tele hicieron lo mismo: buscar la maravilla en YouTube. Y nada. La Barclays Premier League se empeñaba en retirar uno a uno los vídeos del asesino con cara de estibador. El argumento: YouTube no ha pagado los derechos de emisión de la Premier.

El campeonato inglés presume de ser el más global, pero sus dirigentes siguen pensando miopes, incapaces de ver el bosque: ¿qué mejor publicidad para la que pretende ser la mejor liga del mundo que un gol del calibre del de Rooney? ¿De verdad quieren que veamos el mejor gol del año gracias a unos indonesios que grabaron la tele con una videocámara?

2- El departamento de Homeland Security chapa rojadirecta
Unos días antes de la Superbowl –esa final deportiva que los yanquis venden como la más vista del planeta y que tuvo un 10% de la audiencia de la final de Sudáfrica-, el departamento de seguridad nacional estadounidense echaba la persiana a varios sitios de streaming deportivo, entre ellos el español rojadirecta.com.

Aquí hay una doble lectura. Por un lado, está el hecho de que un sitio web de alcance mundial lo pueda cerrar un organismo norteamericano cuya competencia –como su nombre indica- se limita a las fronteras estadounidenses. Será que el servidor de la página está en suelo yanqui. Vaya por delante que de momento han chapado los dominios .com y .org, pero el .es tardará en caer lo que tarde en redactarse un cable del embajador americano a la Ministra de Cultura.
Queda claro que internet es algo tan global y neutro como lo pueda ser la ONU. Que sí, que mucho espíritu multicultural y buenrrollista, cumbayá, pero al final ARPANET fue un invento del ejército de los EE. UU. y la ICANN, la sociedad que se encarga de los dominios online, tiene su sede en California. Así que el día que lo de la plaza Tahrir suceda en Times Square, FNF pasará a ser un fanzine.

Sobre el segundo punto, la cosa es tan sencilla como que no hay ningún operador que sea capaz de ofrecer en formato de pago lo que rojadirecta ofrece gratis, aunque ilegamente. Y obviamente no hablamos del apasionantísimo duelo por el pichichi, sino de los clubes pequeños con aficionados en todo el mundo: hoy es imposible ver al Emelec desde España, al Racing de Santander en Francia o al West Ham desde Italia si no es tirando de streaming. Ni en diferido ni en directo. Ni en abierto ni en pago por visión.

El negocio audiovisual futbolero está tan osteoporótico que probablemente la única razón por la que no le ha pasado como a la música y el cine es que el valor de un partido de fútbol se devalúa radicalmente en cuanto deja de verse en directo.

3- La camiseta de España vale menos que la de Francia
Y mira que Angel María, el gurú de los destinos rojigualdos, lo volvió a ver claro: mientras le daba Cristasol a la Copa del Mundo, el presidente de la RFEF llamó a la sede de Adidas para renegociar el contrato que une a la marca alemana con la selección española. Todo por la pasta, a pesar de que últimamente Adidas haya decidido vestir a la Roja con la camiseta suplente de Rumanía. Hasta ahí, todo bien.

El anterior acuerdo establecía que la roja llevaría las tres rayas alemanas a cambio de 27,3 millones de dólares al año. La renovación hasta 2018 se cerró en 32,7 millones por temporada, casi un 20% de aumento, por encima del acuerdo de Adidas con la Federación Francesa. El único pero es que Francia acaba de firmar un acuerdo con Nike por 43 millones de euros anuales. Y Francia, con un palmarés comparable al español, es una selección que hizo un ridículo tan espantoso en Sudáfrica que Adidas les reclamó una indemnización. Un equipo cuyo dorsal 10 que llevaron Platini y Zidane hoy se llama Karim Benzema.

Con Francia perdida, los tres bastiones de Adidas a nivel de selecciones son Argentina, Alemania y España. Argentina no está en posición de renegociar en base a sus deméritos deportivos. Alemania ya perdió pasta por serle fiel a Adidas, pero al fin y al cabo la cosa queda entre alemanes. España, campeona de Europa y del Mundo en título, con la generación de futbolistas más brillante de sus historia, podía haber sacado un contrato a la altura de sus méritos.

Quizá por echar tierra al asunto no tardó en filtrarse desde la Federación que el propio Villar rechazó un cheque en blanco de Nike. Qué más dará el dinero, Angel María, si tu brillante discurso ante la FIFA nos ha conseguido la organización del Mundial 2018.

jueves, 3 de febrero de 2011

Sr. Pardeza, ¿se le ha perdido a usted algo en Concha Espina?

Por Sopenilla
Sr. Pardeza: ¿Usted recuerda si se le extravió algo en Concha Espina? Piénselo bien, repase su trayectoria. Hace casi dieciocho meses que no se le ve en ninguna presentación, no comparece apenas ante los medios, no fabrica titulares...

Sr. Pardeza, usted siempre fue un ratón, pero de biblioteca. A las concentraciones se llevaba más de un libro. Decidió doctorarse, porque algo había que hacer tras un retiro dorado en México. ¡Pero ser director deportivo!

Año y medio ya en la entidad merengue. Cuando Florentino se investía de ser superior, por todos era bendecido y a todos convencía –incluso a usted, Sr. Pardeza– diciendo: “Vuelve la ilusión”.

¿No se ha dado usted cuenta, Sr. Pardeza, de que lleva dieciocho meses sin que su criterio se haga notar, que lleva dieciocho meses a la sombra de Valdano, que su hábitat natural no está en los despachos?

Sr. Pardeza: su club tiene un presidente nominal y un general plenipotenciario. ¡Cuántas veces no habrá pensado que usted mismo no deja de ser un ministro sin cartera! Usted, que vino para ser consejero, y que ha acabado en medio de una pléyade de mandos que carecen de competencias. Está visto: ante un gobierno basado en el capricho y la chequera, no hay empatía funcional que responda.

Sr. Pardeza: piénselo bien. Podrá estar, pero no se le espera. No tuvo la culpa de formar parte de la Quinta del Buitre, pero no debió dejarse embaucar por la oratoria fácil de su amigo argentino. Usted ya sabe que sólo unos pocos, como González Ruano, son capaces de conciliar éxito y mérito. Y en su caso, como en el de su equipo, es dudoso que se pueda hablar, hoy por hoy, más allá de lo segundo. Aunque bueno, eso ya es un síntoma de mejoría con respecto a Valdano.

Sr. Pardeza. Una plantilla no gana por decreto, aunque lo digan su nombre o su coste. Ha de forjarse a partir de un modelo, una idea preconcebida, que toma cuerpo de manera equilibrada y se sostiene en algo más duradero que unos cuantos resultados inmediatos. Desista, ahora que tiene excusa. Nadie le echará en falta. Gracias a Mourinho, todos ahora sabemos que los fichajes en la casa blanca se deben, principalmente, a la labor del director general de marketing.

Sr. Pardeza: no merece la pena cambiar los pasillos de la Nacional por el palco del Bernabéu.

Así que, antes de que las hemerotecas –aparte de recoger artículos del citado Ruano– consignen otra temporada en blanco de Florentino, conjugue el verbo dimitir. Aunque fuera a destiempo, ya lo hizo en Zaragoza. A la larga, no nos gustaría descubrir que hubo algo que se le perdió en Concha Espina.

martes, 25 de enero de 2011

Los cuarenta años de mierda del París Saint Germain

Por Halftown
El Saint Germain nació más por decreto que por deseo. El fútbol bajo la Torre Eiffel vivía momentos bajos a finales de los sesenta, y desde los poderes que mueven los hilos en Francia –y en Francia decir poder es decir París- se decidió que la capital necesitaba un club nuevo y fuerte. A lo largo de estas cuatro décadas, el PSG ha sido, con el Marsella, el club que más medios ha tenido a su disposición. Y, sin embargo, después de 37 temporadas consecutivas en primera división, sus vitrinas sólo alojan a dos títulos de campeón de Francia.

Probablemente el problema de fondo es que al pueblo parisino el fútbol le da bastante lo mismo: el Parque de los Príncipes apenas llena la mitad de los asientos cada partido, y a los que les gusta el fútbol se la sopla el Saint Germain. De hecho, un reciente estudio demostró que en Île de France, la región de París, hay más aficionados del Olympique de Marsella que del propio PSG. El Saint Germain no ha sido jamás adoptado por el París de intramuros, y en su estadio se arremolina dos sábados al mes lo más selecto de la racaille parisina.

Y eso que por el Parque de los Príncipes han pasado jugadores acojonantes como Raí, el Ronaldinho pre-Barça, Youri Djorkaeff, Ginola, Weah o un ilustre de FNF como Rocheteau. En un alarde de falta de gusto y de memoria, en cambio, la afición parisina ha elegido como mejor jugador de la historia del club a Pedro Pauleta. El portugués, un delantero con oficio pero sin gracia que en España pasó por Salamanca y Deportivo, se convirtió en capitán general al aterrizar en París, hasta el punto de aprender a tirar faltas y convertirse en máximo goleador de la historia del club.

Ici c’est Paris

Y eso que por un breve momento, a principios de los 90, parecía que el PSG iba por fin a encontrarse con su destino, y ser un gran club europeo. Canal Plus ponía la pasta, hasta el punto de que se inventó la rivalidad PSG-OM para aumentar la audiencia de la liga francesa (y nos dejó uno de los mejores tifos de la historia del fútbol –ver foto), mientras el mostacho portugués de Artur Jorge dirigía un equipo maravilloso, y tristemente inolvidable para los aficionados merengues.

Cuartos de final de la Copa de la UEFA 92-93. El Madrid de Benito Floro va a París con un 3-1 favorable del Bernabéu. Después de ponerse 3-0 los franceses, Zamorano marca en el ’92 y manda el partido a la prórroga… hasta que Rocha y Prosinecki se quedan cual vacas mirando el tren y Kombouaré se folla con el pito a la banda de Benito Floro. Dos años más tarde, con menos épica, la cara B del Dream Team de Cruyff también salió con los pies por delante del Parque de los Príncipes.



Poco después de estos éxitos, Canal Plus recordó que el negocio es el negocio, y vendió a sus estrellas al mejor postor: Ginola a Newcastle, Valdo al Benfica, Weah a Berlusconi... Desde entonces, el club no ha dejado pasar la oportunidad de inmolarse a cada nueva ocasión de hacer caja: Djorkaeff, Leonardo, Ronaldinho...

Desde el 94, el PSG no pinta nada en el campeonato francés. Se han llevado alguna copa, cierto, pero también se han librado por los pelos del descenso en más de una ocasión. La verdadera personalidad del club no se ha forjado en los palcos de honor, allí donde se levantan los trofeos, sino en el círculo central, donde el perdedor se queda con cara de gilipollas. Incluso en la propia web del club, en el apartado dedicado al palmarés, se incluyen todos los subcampeonatos conseguidos. Quizás ese entusiasmo en el fracaso es lo que celebra el “ici c’est Paris” que utilizan a modo de grito de guerra los aficionados del pesegé.

Por eso es novedad que en esta temporada, coincidiendo con su 40º aniversario, el Saint Germain ande segundo en liga, a cuatro puntos del líder Lille. Con Makélélé de mariscal a sus 37 años, Giuly a lo 2002-2003 y Nené –aquel brasileño que pasó por Alavés, Celta y Espanyol- en plan remake de Pauleta, el PSG parece volver a tener opciones reales de llevarse el campeonato.

Nunca conviene, sin embargo, apostar por el futuro del Saint Germain: para ser coherentes con su historia, desde hace semanas se anuncia el desmantelamiento de la plantilla en cuanto acabe la temporada. Incluso el capitán Makélélé -cuya camiseta es la más vendida en la tienda del club- parece que también cambiará de aires. La única duda es si preferirá enterrarse con David Beckham o con Thierry Henry.

jueves, 6 de enero de 2011

Newcastle no es Jauja

Por Halftown
El uso de Megaupload para descargar directa e ilegalmente películas y música ha subido un 35% en Francia desde que se promulgó la ley antipiratería (Hadopi), que sólo persigue las descargas P2P. Para cuando quieran promulgar una medida anti Megaupload, la gente estará viendo cosas en streaming, y vuelta a empezar a cada vez que la ley alcance a la trampa.
Lo de ponerle puertas al campo es, sin embargo, algo muy humano. Aplicado al deporte en general y al fútbol en particular, el último ejemplo de ello es la explosión de Twitter entre los jugadores profesionales.

Poco podía imaginarse el lateral valenciano del Newcastle José Enrique que 140 caracteres pudieran hacerle más daño que una lesión. Y es que justo antes de visitar White Hart Lane, el jugador tuiteó lo siguiente: “Sorry lads i have a test this morning and we decide is better dont play if no im in 100×100. Im so hungry because this game is nice to play … my hamstring is so stiff today.”. Con independencia de la gramática del texto –algo me hace sospechar que la cosa no va por ahorrarse caracteres, sino por pasar más tiempo con Coloccini que con la BBC-, el mensaje venía a decir que el jugador no iba a poder estar contra el Tottenham.

El problema es que su míster, el recién nombrado Alan Pardew, es poco fan de divulgar su once inicial antes de los partidos, y el tweet del jugador le sentó a cuerno quemado. Se ve que José Enrique, una versión 2.0 de Juanfran en casi todos los sentidos, es fundamental para las Urracas. Sin él sobre el césped acabó pasando lo previsible: el Newcastle palmó 2-0.

Cuando le preguntaron en la posterior rueda de prensa si el jugador estaría listo para el siguiente partido, el entrenador de las Urracas dijo, con sonrisa de velocirraptor, que lo miraría en el Twitter de José Enrique. Luego anunció que no iba a prohibir el uso de Twitter a sus jugadores, porque al fin y al cabo “esto no es China”. Pardew prometió, en un insólito arranque pedagógico, ofrecer una presentación a su plantilla con sus recomendaciones sobre qué información compartir y cómo. Newcastle no es China, pero tampoco es Jauja.

Mientras tanto José Enrique, tan o más rápido con las manos que con los pies, ya había decidido cortarse él mismo las alas: “And sorry i want to delete twetter just get me problems. I have some followers they speak after i say something on the papers.thanks”. Desde el 28 de diciembre dejó de tuitear, y ayer cerró la cuenta. Sus siete mil y pico fans quizás estén tristes. Él volvió al once titular el pasado domingo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El pirata de las letras

Por Sopenilla
A ningún lector habitual de FNF sorprenderá que su libro de estilo comporte reconsiderar lugares comunes. La cabecera que da nombre a esta bitácora es un buen ejemplo. Varias semanas atrás lo fueron unas declaraciones de Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo. En aquella ocasión, sus palabras vinieron a contradecir esa tesis, generalmente admitida, de que el futbolista es un ser mononeuronal que vive por y para el deporte rey. Lo que entonces fue una presunción de inocencia basada en un testimonio, ahora han venido a confirmarlo unos hechos. La cultura se ha hecho un hueco en el vestuario blanco.

Algunos pensarán que el ejercicio intelectual está prohibido para un jugador de fútbol. Al menos, mientras esté en activo y, sobre todo, si ha llegado a la elite. El caso es que la relación de Esteban Granero con el primer equipo no sigue ni unas ni otras pautas. Hasta la fecha, su trayectoria en el conjunto de Chamartín ha sido un periplo incompleto. Tras ingresar con 8 años en las categorías inferiores, el paso por el equipo B del sur de la capital y el abono periódico a la suplencia en el enésimo ‘Floren Team’, le han privado de ser algo más que otro producto en stock de la factoría de Valdebebas.

Lo curioso es que, lejos de acomodarse en el banquillo, el ‘pirata’ ha hecho camino arrastrándose por otros terrenos de juego menos transitados por un galáctico. No hablamos de recorrer Camboya a lomos de una motocicleta. Tampoco de ocupar la mente con las asignaturas de la carrera de Psicología. Sus inquietudes culturales se centran, ahora mismo, en el taller de escritura creativa al que está matriculado desde el pasado mes de octubre.

Entre Mourinho y Murakami

Aunque cueste imaginarlo, Granero figura entre los asiduos huéspedes del Hotel Kafka; a la sazón, la escuela de letras que le obliga a cambiar el empeine por la pluma cada martes y jueves, de 19:30 a 22:30. Es difícil saber cómo llevarán Elvira Lindo o Rafael Reig eso de adiestrar a un trabajador manual –rodeado a diario de balones, auriculares y PSPs’– en el noble oficio de escritor. Pero a juzgar por la versión facilitada por Juan Palomo en el suplemento cultural de El Mundo, parece que el ‘pirata’ no navega por aguas procelosas cuando se trata de hablar de libros y lecturas.

Quizá por ello, el departamento de comunicación del Real Madrid, centrado en filtrar una imagen interesada de sus jugadores, prefiera ignorar este tipo de detalles. Da la impresión de que una conversación literaria puede ser una vía de escape en forma de titulares tan nociva como una entrevista al uso. De ahí que, cuando un servidor solicitó explorar ese otro lado del canterano, la respuesta que obtuvo de la entidad blanca fue la indiferencia. Ya se sabe, es el juego del gato y el ratón o, para ser menos suspicaces, del palo y la zanahoria: una rueda de prensa de Mou por cada petición denegada.

Así que, llegados a este punto, sólo nos queda aventurar de qué iría la primera novela de Granero. Confeso admirador de Haruki Murakami, del que ha leído toda su obra, no resulta complicado imaginar que su opera prima estaría plagada de guiños y referencias a ese particular universo –mitad real, mitad onírico– que asoma de manera recurrente en las páginas del autor japonés. Un mundo que el ‘pirata’ ha podido surcar, físicamente, en sus frecuentes viajes por los rincones más apartados del continente asiático.

Con todo, hasta que llegue el momento en que asistamos al estreno de un futbolista escritor, que no de un escritor de relatos futboleros, no estaría mal poder leer los trabajos que Granero vaya elaborando para el citado taller. A lo mejor nos sorprende con una trama basada en la superación y el esfuerzo, ideales que tanto le atraen de la cultura oriental, quien sabe si porque los echa de menos entre sus compañeros. Lo que es seguro es que no se sentirá tentado de utilizar a un periodista para convertir su biografía en un best seller navideño.