lunes, 20 de diciembre de 2010

El pirata de las letras

Por Sopenilla
A ningún lector habitual de FNF sorprenderá que su libro de estilo comporte reconsiderar lugares comunes. La cabecera que da nombre a esta bitácora es un buen ejemplo. Varias semanas atrás lo fueron unas declaraciones de Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo. En aquella ocasión, sus palabras vinieron a contradecir esa tesis, generalmente admitida, de que el futbolista es un ser mononeuronal que vive por y para el deporte rey. Lo que entonces fue una presunción de inocencia basada en un testimonio, ahora han venido a confirmarlo unos hechos. La cultura se ha hecho un hueco en el vestuario blanco.

Algunos pensarán que el ejercicio intelectual está prohibido para un jugador de fútbol. Al menos, mientras esté en activo y, sobre todo, si ha llegado a la elite. El caso es que la relación de Esteban Granero con el primer equipo no sigue ni unas ni otras pautas. Hasta la fecha, su trayectoria en el conjunto de Chamartín ha sido un periplo incompleto. Tras ingresar con 8 años en las categorías inferiores, el paso por el equipo B del sur de la capital y el abono periódico a la suplencia en el enésimo ‘Floren Team’, le han privado de ser algo más que otro producto en stock de la factoría de Valdebebas.

Lo curioso es que, lejos de acomodarse en el banquillo, el ‘pirata’ ha hecho camino arrastrándose por otros terrenos de juego menos transitados por un galáctico. No hablamos de recorrer Camboya a lomos de una motocicleta. Tampoco de ocupar la mente con las asignaturas de la carrera de Psicología. Sus inquietudes culturales se centran, ahora mismo, en el taller de escritura creativa al que está matriculado desde el pasado mes de octubre.

Entre Mourinho y Murakami

Aunque cueste imaginarlo, Granero figura entre los asiduos huéspedes del Hotel Kafka; a la sazón, la escuela de letras que le obliga a cambiar el empeine por la pluma cada martes y jueves, de 19:30 a 22:30. Es difícil saber cómo llevarán Elvira Lindo o Rafael Reig eso de adiestrar a un trabajador manual –rodeado a diario de balones, auriculares y PSPs’– en el noble oficio de escritor. Pero a juzgar por la versión facilitada por Juan Palomo en el suplemento cultural de El Mundo, parece que el ‘pirata’ no navega por aguas procelosas cuando se trata de hablar de libros y lecturas.

Quizá por ello, el departamento de comunicación del Real Madrid, centrado en filtrar una imagen interesada de sus jugadores, prefiera ignorar este tipo de detalles. Da la impresión de que una conversación literaria puede ser una vía de escape en forma de titulares tan nociva como una entrevista al uso. De ahí que, cuando un servidor solicitó explorar ese otro lado del canterano, la respuesta que obtuvo de la entidad blanca fue la indiferencia. Ya se sabe, es el juego del gato y el ratón o, para ser menos suspicaces, del palo y la zanahoria: una rueda de prensa de Mou por cada petición denegada.

Así que, llegados a este punto, sólo nos queda aventurar de qué iría la primera novela de Granero. Confeso admirador de Haruki Murakami, del que ha leído toda su obra, no resulta complicado imaginar que su opera prima estaría plagada de guiños y referencias a ese particular universo –mitad real, mitad onírico– que asoma de manera recurrente en las páginas del autor japonés. Un mundo que el ‘pirata’ ha podido surcar, físicamente, en sus frecuentes viajes por los rincones más apartados del continente asiático.

Con todo, hasta que llegue el momento en que asistamos al estreno de un futbolista escritor, que no de un escritor de relatos futboleros, no estaría mal poder leer los trabajos que Granero vaya elaborando para el citado taller. A lo mejor nos sorprende con una trama basada en la superación y el esfuerzo, ideales que tanto le atraen de la cultura oriental, quien sabe si porque los echa de menos entre sus compañeros. Lo que es seguro es que no se sentirá tentado de utilizar a un periodista para convertir su biografía en un best seller navideño.

jueves, 21 de octubre de 2010

Esos patrocinios inmorales

Por Halftown
El pasado mes de agosto de 2009, el Málaga de Fernando Sanz firmaba un acuerdo de patrocinio por tres años con la casa de apuestas británica William Hill. La presentación en sociedad del acuerdo se hizo por todo lo alto, incluyendo cachondas de cejas depiladas embutidas en la camiseta blanquiazul. El sueño húmedo de más de uno en La Rosaleda.

Menos de un año después, Fernando Sanz vendió el club al jeque qatarí Abdullah Bin-Nasser Al-Thani. Se rumoreó la llegada de estrellas como Güiza, de Van Nistelrooy, aunque al final los fichajes fueron más de lo mismo, y todo apunta a una nueva temporada tan al filo de la navaja como cuando eran pobres.
Sin embargo, una de las medidas que adoptó la directiva de Al-Thani fue la ruptura del contrato con William Hill en base a los dictados de la ley islámica, que prohíbe las los juegos de azar.

Si bien aplaudimos que los principios morales (en este caso religiosos) se antepongan al vil metal, lo que no se termina de entender es que no se haya extinguido también el contrato de patrocinio que el Málaga tiene con la cervecera San Miguel. Sorprendente, dado que el Corán también prohíbe el alcohol (y cualquier otra forma de diversión, por cierto), tanto en su variante destilada como fermentada. Alá lo deja bien clarito en el Corán cuando dice: "Ellos te preguntaran acerca de las bebidas alcohólicas y el juego, decid: en cada uno de ellos acecha un grave vicio así como algunos beneficios para el hombre, sus perjuicios son más grandes que su utilidad" (Corán 2,219).

Curiosamente, cuando uno va a visitar la web del Manchester City –propiedad de un jeque más rico y más árabe-, descubre que, surprise, surprise, ellos también tienen un acuerdo con la marca de cerveza holandesa Heineken. Así que, aunque uno quiera creer que ambos jeques mantienen los patrocinios porque existe la cerveza sin alcohol, da la impresión de que la cosa tiene más que ver con la diferencia entre el canteo de exhibir el logo pecador pegado a la camiseta, y tenerlo discretamente en la página web del equipo, mientras se va haciendo caja.

Líder en chorizo

La noticia bomba de la semana ha sido en Santander: el Racing, cuya camiseta llevaba en blanco desde tiempos inmemoriales, por fin tiene patrocinador. La marca que manchará el pecho de los jugadores cántabros durante los dos próximos cursos será la empresa riojana de alimentación Palacios. El problema no es que el logo sea soso. Ni que las camisetas del Racing ya sean feas sin necesidad de ayuda. Ni siquiera que el gran estreno sea en el Bernabéu. El verdadero problema es que, debajo del logotipo de la marca, irá la siguiente inscripción: “Líder en chorizo”.

Y claro, no hace falta ser experto en comunicación para adivinar que se ha armado la marimorena en El Sardinero, donde desde la época de Dimitri Piterman la afición se ha aburrido de ver chorizos.

De hecho, más de uno se quedó con la mosca detrás de la oreja después de la salvación del equipo verdiblanco en el último partido de la temporada pasada, un Racing-Sporting en Santander que vino precedido por una loa a la amistad del presidente cántabro Miguel Ángel Revilla en la prensa asturiana. La cosa acabó con victoria fácil para los locales, salvación para todos y el estadio entero entonando el “Asturias, patria querida”. Que le pregunten a Tenerife y Valladolid por los chorizos.

viernes, 9 de julio de 2010

Esos multimillonarios ídolos de barro

Por Halftown
La final de un Mundial son muchos partidos en uno. En los cuatro días que separan las semis del Gran Partido, el periodismo mundial se agarra a lo que sea para hablar del evento. En esta edición, unos optan por repetirnos el trilladísimo tópico de Cruyff y la romántica Holanda del 74, y otros se contentan con acumular líneas hablando de un oráculo octópodo.

El Holanda-España del domingo, además de todo eso, es también el desempate entre Adidas y Nike. Hasta 2010, las dos marcas se han enfrentado en dos ocasiones en la final de una Copa del Mundo: en el 98, la Francia de las tres rayas se llevó el gato al agua. En 2002, Nike se tomó la revancha gracias al auténtico Ronaldo.

A pesar de la pasta que invierte Adidas en patrocinar oficialmente el evento, el principio del campeonato se vivió al ritmo del “Escribe el futuro” de Nike. Por cierto que como señala un lector de FNF, la idea creativa ha resultado ser sorprendentemente similar a una campaña de Reebok de 1995.



Las tornas se dieron la vuelta en cuanto la pelota empezó a rodar. Incluso se empieza a hablar de la maldición del spot de Nike: ninguno de los futbolistas que aparecían en él pasaron de los octavos de final. Ronaldinho ni fue a jugar. Cannavaro partió al exilio dorado de Dubai. Ribéry co-protagonizó el sainete francés y tardará en volver a la selección. Cristiano –que se quedó sin estatua- ha acabado la competición protagonizando un michaeljacksonazo.
Así las cosas, Nike ha estado rápida para alistar a última hora al invitado sorpresa de este Mundial, el holandés Wesley Sneijder.

Adidas, por pelotas

Adidas, con la convicción propia de los alemanes, sabe que a la larga es más rentable invertir en equipos que en jugadores. Quizá por eso no sólo ha sobrevivido a la enésima decepción de Kakà, sino que ha sabido remontar el aluvión de críticas que le llovieron por culpa del Jabulani. La mismísima NASA, entre fracaso y fracaso, ha tenido tiempo de opinar sobre el tema. Adidas incluso se vio obligada a explicar, después de la cantada de Robert Green contra Estados Unidos, que su pelota no tenía la culpa de la falta de talento de los porteros ingleses.

La marca alemana, además, jura y perjura que las federaciones de todos los países mundialistas recibieron jabulanis en febrero. El problema es que muchos campeonatos tienen acuerdos con otras marcas para el suministro de balones (en España, por ejemplo, el balón de la Liga es de Nike), y jamás probaron la pelota de Adidas hasta llegar a Sudáfrica. Lo que los alemanes de Adidas se olvidan de contar es que la Bundesliga lleva utilizando el balón del Mundial desde noviembre del año pasado.

Con eso y con todo, Adidas ha dado un pelotazo: lleva vendidos más de 13 millones de jabulanis, y ha duplicado las ventas de camisetas, de los 3 millones vendidas en 2006 a los 6 millones en 2010. A Nike, con mucha menos inversión, tampoco le va mal: acumula 19 millones de visitas en YouTube. Lo que no queda claro es cuántos de esos internautas habrán comprado la camiseta de Robinho o de CR9.

Mientras se decide el nuevo campeón mundial, el héroe de Nike en 2002 -vestido para la ocasión con una camiseta amarilla de todo a cien- presta su obesa estampa a la minera Vale en China. A saber dónde estará Cristiano dentro de ocho años.

miércoles, 30 de junio de 2010

Morir por Casillas, morir por cojones

Por Halftown
Vaya por delante que considero a Iker el mejor portero español de siempre. Y lo digo porque jamás vi a Ramallets, ni a Zamora, ni siquiera a Iríbar, y a Arconada semejante candidatura se le escapó entre las manos en la final de la Euro 84. En cualquier caso, Iker es patrimonio nacional, como la sardana, Interviú o el bocata de lomo con pimientos. Como en un Show de Truman futbolero, le hemos visto nacer, crecer y nos le podemos imaginar reproduciéndose a no mucho tardar. Nos cuesta poco visualizarnos tomando una caña con él sobre una barra de latón. Hasta le hicieron una calle a su madre después del partido contra Italia, hace poco más de dos años.

Lamentablemente para todos, el Iker de hoy –el Iker de toda la temporada- no es el que conocíamos. Será por la Carbonero. Será por la barba. Será por llevar diez años jugando todo lo jugable. Será por lo que sea, pero este Iker Casillas no da buen rollo. Es más: transmite miedo. Quizá porque el propio Iker es el primero que parece tener miedo.

Contra Suiza hizo una salida a la remanguillé con los pies por delante en pleno área; contra Chile resolvió sin autoridad el trabajo que tuvo, y contra Portugal dejó para el recuerdo unas manos de mantequilla y recepcionó un tiro de CR9 como lo habría hecho Rafa Pascual. Iker Casillas es un arconadazo a punto de caramelo.

Los símbolos no levantan trofeos

Como dijo Vladimir Ilich: ¿qué hacer? Reina ha demostrado ser un portero fiable pero no brillante. Poner al debutante Valdés, de lejos el mejor bajo palos en todo el año, es un marrón.
El problema con Casillas es el mismo que tuvo Rijkaard con Ronaldinho o que acaba de tener Lippi con Cannavaro: no es el jugador al que se sienta en el banco, es al símbolo. El problema es que los símbolos pocas veces levantan trofeos.

Del Bosque ya sentó a Iker en su época del Madrid, cuando –rumor has it- Iker cambió las copas de metal por las de vidrio. Iker jamás volvió a decepcionar.
De eso hace ya seis años. Esta vez, probablemente, Del Bosque le deje ahí, con el brazalete bajo palos, esperando a que vuelva el San Iker de siempre.

Es jodido ver a los ídolos por los suelos, pero dejar ahora en el banquillo a Casillas no quiere decir que no pueda volver a jugar jamás. Al fin y al cabo, todavía tiene 29 años.
Iker Casillas tendrá que jugar cuando demuestre que es mejor que los otros porteros españoles. Cuando vuelva a marcar la diferencia.
Cuando demuestre que sigue siendo el número uno.

lunes, 31 de mayo de 2010

Savino: 'El regate es mejor que el gol'

Por Sole Leyva
A Roberto Saviano, el periodista Italiano que le quitó la careta a la Mafia, andan buscándole desde 2006 las parazas para darle matarile a la mínima que se descuide. Duerme en hoteles de una noche, en cuartuchos de comisarías, con olor a pies y de fondo, la narración de algún partido del Calcio.

Apenas dura unas semanas en eso que usted y yo conocemos por nuestra casa, por nuestro hogar. En cuanto algún vecino se entera de que el Salman Rushdie italiano protege sus huesos en su inmueble, debe cambiar de domicilio. En Milán. En Palermo. En Perugia. Su hogar itinerante debe ser tan secreto como el mejunje que nos engancha a la coca-cola.

A Saviano, que se lamenta ahora de todos los cumpleaños que desdeñó en presencia de su familia, en su tierra natal, Nápoles, no le da miedo la muerte. “He tenido y tengo muchos miedos, pero el miedo a morir no lo he tenido nunca. El peor de mis miedos es que consigan difamarme, destruir mi credibilidad, ensuciar aquello por lo que me he arriesgado y pagado un alto precio”.

Para ahuyentar esos miedos, para reforzar su fe en una palabra que sepa desvelar la realidad, Saviano ha publicado ‘La belleza y el infierno’, donde habla de su relación con Rushdie, denuncia el asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya y vuelve a reiterar su pasión por Messi –ya escribió una columna en Clarín sobre él-.

Cuenta el autor de Gomorra cómo se apiadaron de él los Mossos d’Esquadra en el Camp Nou, cuando acudió a ver al astro argentino al que muchas veces ha comparado con Maradona. Siguiendo el protocolo, querían que viera el partido en una urna blindada. En una cárcel transparente. Ajena a los olores y al ruido ese particular que se genera en un estadio de fútbol. Finalmente lo vio como un aficionado más. No explica nada sobre la sensación, pero seguro que entre el gentío, amparado en el bufandeo del público, uniendo su voz a otras voces, pudo sentirse un poco libre.


Saviano ensalza la trayectoria de ese “jugador con cara de niño que no dice nada de los sufrimientos que padeció durante años, de las inyecciones diarias de hormonas que le permitieron crecer y convertirse en el mejor jugador de nuestros días”. El escritor perseguido desea en un momento de su relato que sus páginas “se pareciesen a una de esas carreras de Lionel Messi hacia la portería contraria, veloz, velocísimo, con el balón pegado al pie”.


Y a continuación plantea su teoría de fútbol, una teoría que cuestiona cuál es casi siempre vista como la esencia verdadera del fútbol:

“Da igual si luego consigue clavarlo en la red o se lo pasa a un compañero desmarcado. Lo importante no es el gol; sino regatear, fintar, no perder el balón”.

Y entonces a uno le da por pensar en el gol de Maradona a Inglaterra, el de Ronaldo al Compostela o el del propio Messi al Getafe. Y uno los busca rápidamente en Youtube. Ve a Ronaldo como un gamo sorteando piernas y agarrones. Observa a Maradona deslizándose por el verde como Paquito Fernández Ochoa. Se deleita con Messi gambeteando tan ágil como una liebre.




Y se da cuenta que cuando a uno se le ponen los pelos de gallina no es en el gol, ese fin último tan preciado, sino en el regate, en la finta, en la explosión de la carrera, en ese Ronaldo obligado a retroceder el cuero para seguir luego su camino con más fuerza si cabe, en la peonza casi invisible que hace el Pelusa en el primer regate para irse de dos ingleses, en la increíble finta de Leo al regatear al portero, cuando ese metro cuadrado se ha convertido en el Paseo de las Ramblas, en una milla inmensa donde poder hacer lo que quiera.

Y entonces a uno le da por pensar que Saviano quizá tenga razón, quizá lo “importante no sea el gol; sino regatear, fintar, no perder el balón”.

domingo, 30 de mayo de 2010

Esas camisetas malditas

Por Halftown
El otro día, cuando Inter y Bayern saltaron al césped del
Bernabéu para que Diego Milito se convirtiera en un mito neroazzurro, mucha gente se quedó sorprendida al ver aparecer a los de Van Gaal con una camiseta a rayas rojiblancas, totalmente distinta a la roja con babero blanco que habían llevado a lo largo de la temporada (y con la que habían ganado liga y copa).

Adidas, que lleva vistiendo al Bayern desde que Rummenigge era alevín, se inspiró en las equipaciones del Bayern ye-ye, y hasta incorporó en el cuello del nuevo diseño la frase “Legenden und Loyalität“ (leyendas
y lealtad), que viene siendo otra de esas paridas grandilocuentes como el famoso escudo del Bernabéu que ha lucido este año el Madrid (y que ha desaparecido en la nueva camiseta).

La marca de las tres rayas decidió que sería una buena idea adelantar el estreno de la camiseta 2010-2011 a tan señalado partido. El problema es que, después del partido, pocos aficionados del Bayern querrán comprarse una camiseta que huele a derrota.


La nueva camiseta del Bayern es inesperada, pero no ha llegado a causar ta
nto revuelo como la que causó la de 1995. Entonces el Bayern -con un Beckenbauer que ya había pasado de káiser a führer-, trajo a Jurgen Klinsmann, que venía a formar dupla de veteranos con el francés Papin. Para la ocasión, Adidas se descolgó con una equipación azulgrana, más propia del Crystal Palace que del Barça, que es recordada por la afición muniquesa como una de las más infames de la larga historia del club. A pesar de la pésima fotogenia de aquella camiseta, al final la cosa no les salió mal: se llevaron la UEFA del 96 y la Bundesliga del 97 (sí, Adidas mantuvo semejante espanto durante dos temporadas consecutivas, olé sus kartoffeln). Y es que cuando en un equipo juntas a Matthaus, Scholl, Kahn, Sforza, Papin y Klinsmann, juegan bien hasta con el traje tradicional bávaro.

Sir Alex contra la camiseta del Ojo Mágico


Aunque sin duda, en el peliagudo tema de las camisetas, la palma se la lleva, una vez más, Sir Alex Ferguson. Corría abril de 1996, y el United había conseguido no sólo recortar los diez puntos de diferencia que le sacaba el Newcastle de Alan Shearer apenas unos meses antes, sino ponerse seis puntos por encima de las Urracas. Los de Ferguson, que tenían un partido
relativamente fácil en Southampton contra Le Tissier y compañía, salieron a jugar con la segunda equipación diseñada por Umbro aquella temporada, un diseño gris con una greca extraña. Mirado de cerca, parece uno de esas imágenes 3D en las que se supone que al cabo de un rato tienes que ver aparecer un velero.

Al descanso, el United iba 3-0 abajo, algo insólito para un equipo en el que estaban las mejores versiones de Keane, Giggs, Beckham y Cantona. Fue entonces cuando Sir Alex tuvo una epifanía: el problema era de las camisetas, que camuflaban a sus jugadores con la grada, y así no había quien diera un pase a derechas.

Ni corto ni perezoso, el escocés ordenó a sus chicos que se pusieran la tercera camiseta, azul y blanca, y saliesen a remontar el partido.
Al final, los de Fergie perdieron 3-1.
El propio Lee Sharpe reconoció años después que, aunque la camiseta no ayudaba, la realidad es que no jugaron una mierda en aquellos primero 45 minutos en The Dell.

La camiseta gris, con la que el ManU ganó un partido, empató otro y perdió cuatro, fue retirada dos años antes de lo previsto y jamás volvió a ser utilizada. Sin ella, el United encadenó tres victorias seguidas para llevarse la Premier y una más para quitarle al Liverpool la FA Cup y conseguir el segundo doblete en tres años. El tercer gol del Southampton aquel 13 de abril, de Le Tissier, sería el último que encajaría Schmeichel aquella temporada.


Unos meses después, a principios de la 96-97, el United volvió a Southampton, esta vez de azul y blanco desde el minuto uno de partido. La cosa acabó como el rosario de la aurora: 6-3, set y partido a favor de los locales, vaselina para la Historia made in Le God incluida.




La camiseta gris jamás fue exculpada.

lunes, 24 de mayo de 2010

Nike reniega del jogo bonito



Por Halftown

Ha sido la última de las grandes marcas en desvelar su campaña para el Mundial de Sudáfrica. La espera ha merecido la pena, porque Wieden+Kennedy Amsterdam, la agencia que lleva la marca, ha creado la mejor campaña de Nike que se recuerda desde aquel comercial dirigido por John Woo en el que la selección brasileña de los Ronaldo, Denilson y Roberto Carlos jugaba al fútbol en un aeropuerto.

Desde unos años antes, con aquel spot en el que Cantona, Figo, Brolin y alguno más se enfrentaban a un equipo demoniaco, Nike primero y Adidas después han recurrido a los jugadores que patrocinan para hacer sus promos futboleras.
El problema de utilizar "celebrities" en publicidad es que, a veces, la cara conocida se come la idea creativa. Y así te salen campañas como, sin ir más lejos, la que ha preparado Pepsi para Sudáfrica, una colección de jugadores corriendo frente a la cámara como pollos sin cabeza, sin mensaje comercial, sin personalidad de marca, sin idea creativa. Sin alma.

De un tiempo a esta parte, la Copa del Mundo de fútbol se ha convertido en el capítulo principal en el duelo al sol que se traen Adida
s y Nike. En 2006, la marca americana se puso del lado del fútbol samba brasileiro y su “jogo bonito”, mientras Adidas patrocinaba una vez más a los monolíticos alemanes.
En 2010, monopolizado el “jogo bonito” por la España de Adidas, y con una Brasil que promete aburrir tanto o más que en el 94, Nike se ha visto obligada a dar un golpe de timón. Tanto ha cambiado el panorama, que incluso una victoria de Inglaterra –Capello tampoco entiende de juego bonito- sería un minipunto para Nike, propietaria de Umbro desde hace un tiempo.

El inesperado factor Muntari


Hay que reconocer que los chicos de W+K han parido esta vez una idea creativa brillante: ¿qué pasaría si, durante e
l Mundial, cuando la suerte de un país depende de sus estrellas, éstas cometen un error? El spot nos muestra cómo el futuro de los Drogba, Cannavaro, Rooney o Ribéry podría cambiar en cualquier jugada. Que le pregunten a los Beckham, Baggio o al mismísimo Zidane cómo un segundo de deriva mundialista puede empañar toda una carrera.

“Escribe el futuro” es una idea creativa es tan sólida y un guión tan potente –el fragmento de Wayne Rooney viviendo en una caravana es sencillamente maravilloso-, que ni siquiera la elección como director de Alejandro González Iñárritu, que tiene toda la pinta de haber sido de los que se pasaban los recreos hablando con las chicas, ha podido sabotearlo.

Además, al estilo de lo que está haciendo Marvel en el cine, cruzando personajes de diferentes
franquicias, a lo largo de los tres minutos de spot aparecen embajadores de la marca en otros deportes, como Roger Federer o Kobe Bryant. Incluso sale Ronaldinho, que a falta de canarinha, lucirá el swoosh por las discotecas de medio mundo este verano. Lástima no haber invitado también a Tiger; seguro que se podían haber hecho unas buenas risas con él.

Junto al spot, Nike ha presentado una nueva colección de botas, entre las que destacan las Nike’s Mercurial Vapor SuperFly II –alguien debería poner en la calle al encargado de bautizar los nuevos productos-, ese modelo morado y naranja que lleva luciendo unas semanas Cristiano Ronaldo. El talón naranja-Samur fue al parecer elegido porque, según Peter Cech, con ese color Drogba parece correr más rápido.


El spot debutó en TV durante la final de la Champions, mientras, sobre el campo, las Mercurial Vapor SuperFly II de Wesley Sneijder daban a Milito la asistencia del primer gol.
Todo estaba saliendo a pedir de boca, hasta que Mourinho metió mediado el segundo tiempo al camionero Muntari, que salió a corretear por el césped del Bernabéu con las Mercurial en los pies.
La antítesis personificada del “jogo bonito”, el tipo de jugador que jamás protagonizará un spot, el jugador ghanés de Inter perdió tres balones y sólo recuperó uno en el cuarto de hora que calzó la última creación de Nike. Lo que se llama pisotear -literalmente- la imagen de marca.


Y es que en ocasiones, como aprendió por las malas Nike el sábado, el futuro no depende de uno mismo